Vol. 7 – Núm. 1 / Enero - Junio – 2026  
Estudio ontológico y metafísico de la obra “El extranjero” de Albert  
Camus  
An Ontological and Metaphysical Study of Albert Camus’s “The Stranger”  
Estudo ontológico e metafísico da obra “O Estrangeiro”, de Albert Camus  
Ponce Palma Maholi Betsabe1  
Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí  
Vargas Párraga Luis Enrique2  
Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí  
Como citar:  
Ponce Palma, M, B. & Vargas Párraga, L, E. (2026). Estudio ontológico y metafísico de la  
obra “El extranjero” de Albert Camus. Código Científico Revista de Investigación, 7(1), 2529-  
2558.  
Recibido: 20/05/2026  
Aceptado: 18/06/2026  
Publicado: 30/06/2026  
2529  
Código Científico Revista de Investigación  
Vol. 7 – Núm. 1 / Enero - Junio – 2026  
Resumen  
El presente estudio se inscribe en el campo de la filosofía y la crítica literaria contemporánea,  
considerando a El extranjero (1942) de Albert Camus como una de las obras más  
representativas para la reflexión sobre la condición humana, el absurdo y la existencia. En este  
contexto, el objetivo de la investigación fue realizar un análisis ontológico y metafísico de los  
conceptos existenciales y de la naturaleza del ser presentes en la novela, atendiendo a la  
configuración del absurdo y a la experiencia existencial del protagonista, Meursault.  
Metodológicamente, se desarrolló una investigación de enfoque cualitativo, sustentada en el  
paradigma interpretativo y en un diseño hermenéutico-explicativo, mediante la aplicación del  
método hermenéutico-fenomenológico. Para ello, se realizó un análisis textual y de contenido  
cualitativo de la obra, complementado con la interpretación filosófica de categorías  
provenientes de la fenomenología existencial, la hermenéutica y la filosofía del absurdo, a partir  
del diálogo teórico con autores como Martin Heidegger, Paul Ricoeur, Jean-Paul Sartre, Karl  
Jaspers y Maurice Merleau-Ponty. Los resultados evidencian que la novela configura una  
ontología particular fundamentada en la facticidad, la corporalidad, la finitud y la experiencia  
del absurdo, donde la indiferencia de Meursault frente a las convenciones sociales, la muerte y  
el sentido trascendente revela una forma singular de estar-en-el-mundo. Asimismo, se identificó  
una metafísica implícita basada en la inmanencia y en la confrontación con un universo  
indiferente. Se concluye que Camus desarrolla una concepción ontológica propia que, aunque  
dialoga con el existencialismo, se distancia de sus postulados tradicionales al proponer una  
aceptación lúcida del absurdo como condición irreductible de la existencia humana.  
Palabras claves: ontología, metafísica, existencialismo, absurdo.  
Abstract  
This study falls within the field of philosophy and contemporary literary criticism, considering  
Albert Camus’s “The Stranger” (1942) as one of the most representative works for reflecting  
on the human condition, the absurd, and existence. In this context, the objective of the research  
was to conduct an ontological and metaphysical analysis of the existential concepts and the  
nature of being present in the novel, focusing on the configuration of the absurd and the  
existential experience of the protagonist, Meursault. Methodologically, a qualitative study was  
conducted, grounded in the interpretive paradigm and a hermeneutic-explanatory design,  
through the application of the hermeneutic-phenomenological method. To this end, a qualitative  
textual and content analysis of the work was conducted, complemented by the philosophical  
interpretation of categories drawn from existential phenomenology, hermeneutics, and the  
philosophy of the absurd, based on a theoretical dialogue with authors such as Martin  
Heidegger, Paul Ricoeur, Jean-Paul Sartre, Karl Jaspers, and Maurice Merleau-Ponty. The  
results show that the novel constructs a particular ontology grounded in facticity, corporeality,  
finitude, and the experience of the absurd, in which Meursault’s indifference toward social  
conventions, death, and transcendent meaning reveals a singular way of being-in-the-world.  
Furthermore, an implicit metaphysics was identified  
Keywords: ontology, metaphysics, existentialism, absurdity.  
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Resumo  
O presente estudo insere-se no domínio da filosofia e da crítica literária contemporânea,  
considerando “O Estrangeiro” (1942), de Albert Camus, como uma das obras mais  
representativas para a reflexão sobre a condição humana, o absurdo e a existência. Neste  
contexto, o objetivo da investigação foi realizar uma análise ontológica e metafísica dos  
conceitos existenciais e da natureza do ser presentes no romance, tendo em conta a configuração  
do absurdo e a experiência existencial do protagonista, Meursault. Do ponto de vista  
metodológico, foi desenvolvida uma investigação de abordagem qualitativa, baseada no  
paradigma interpretativo e num desenho hermenêutico-explicativo, através da aplicação do  
método hermenêutico-fenomenológico. Para tal, realizou-se uma análise textual e de conteúdo  
qualitativa da obra, complementada com a interpretação filosófica de categorias provenientes  
da fenomenologia existencial, da hermenêutica e da filosofia do absurdo, a partir do diálogo  
teórico com autores como Martin Heidegger, Paul Ricoeur, Jean-Paul Sartre, Karl Jaspers e  
Maurice Merleau-Ponty. Os resultados evidenciam que o romance configura uma ontologia  
particular fundamentada na facticidade, na corporeidade, na finitude e na experiência do  
absurdo, onde a indiferença de Meursault perante as convenções sociais, a morte e o sentido  
transcendente revela uma forma singular de estar-no-mundo. Da mesma forma, identificou-se  
uma metafísica implíci  
Palavras-chave: ontologia, metafísica, existencialismo, absurdo.  
Introducción  
La novela El extranjero (1942) de Albert Camus constituye uno de los textos más  
influyentes del pensamiento filosófico-literario del siglo XX, particularmente en el debate en  
torno al absurdo, la existencia y la condición ontológica del ser humano. Tradicionalmente  
asociada al existencialismo por su cercanía temática con Jean Paul Sartre, la obra ha sido leída  
como una dramatización narrativa de la angustia, la libertad y la responsabilidad individual. No  
obstante, desde el punto de vista ontológico y metafísico, esta adscripción se reduce y requiere  
una revisión crítica exhaustiva, que apruebe eficazmente la especificidad filosófica del  
pensamiento Camusiano.  
La problemática que aborda este estudio radica en determinar si el protagonista,  
Meursault, responde asertivamente a la ontología existencial clásica planteada en el proyecto y  
la libertad constitutiva o quizás, maneja una ontología distinta, constituida en el marco del  
absurdo, la facticidad y la ausencia de trascendencia. La hipótesis que guía esta investigación  
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sostiene que El extranjero no desarrolla una metafísica explícita, sistemática o doctrinal, sino  
que establece una metafísica implícita, articulada narrativamente a través de la experiencia  
corporal, la indiferencia afectiva, la temporalidad inmanente y la confrontación con la muerte.  
Para continuar, es necesario destacar que el presente estudio tiene como objetivo general  
realizar un análisis ontológico y metafísico de los conceptos existenciales y de la naturaleza del  
ser en El extranjero, atendiendo al contexto del absurdo formulado por Albert Camus. En  
consecuencia, se desarrollará un análisis filosófico y literario de los conceptos existencialistas  
y metafísicos, presentes en la obra; se identificarán y explicarán los elementos metafísicos con  
relación al absurdo y al sentido de la vida; se analizará la caracterización del protagonista en  
relación con las problemáticas ontológicas planteadas; se interpretará el cómo la estructura  
narrativa y de los eventos de la novela contribuyen a la transmisión de una visión metafísica  
del mundo; y finalmente, se compararán las ideas ontológicas y metafísicas de la novela con  
los fundamentos filosóficos del existencialismo y del pensamiento del absurdo en la obra  
ensayística de Camus.  
Desde el punto de vista metodológico, el trabajo adopta un enfoque hermenéutico-  
fenomenológico, con apoyo en el análisis textual de la novela y en el contraste crítico con  
categorías provenientes de la ontología existencial, particularmente siguiendo el diálogo con  
Martin Heidegger y Sartre, y a su vez con la formulación Camusiana del absurdo desarrollada  
en El mito de Sísifo. Asimismo, este estudio se justifica en la necesidad de desplazar la lectura  
moral o psicológica de la obra a un análisis ontológico de mayor rigor, por ello se busca  
contribuir a la discusión contemporánea sobre el estatuto filosófico de Camus, defendiendo la  
tesis de que su pensamiento no se integra plenamente en el existencialismo clásico, sino que  
configura una ontología del límite, donde el absurdo no se supera ni se resuelve, sino que se  
asume con lucidez.  
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Metodología  
La presente investigación se desarrolló desde un enfoque cualitativo, debido a que su  
interés principal no radica en la medición cuantificable de variables, sino en la comprensión e  
interpretación de los significados ontológicos y metafísicos presentes en la novela El extranjero  
de Albert Camus. Este enfoque cualitativo permitió analizar los fenómenos existenciales  
representados en la obra mediante la interpretación profunda de discursos, símbolos, acciones  
y experiencias narrativas que configuran la construcción filosófica del personaje principal.  
Asimismo, se empleó el paradigma interpretativo, puesto que la investigación buscó  
comprender los significados subyacentes en la narrativa camusiana, considerando que la  
realidad literaria constituye una construcción simbólica susceptible de múltiples  
interpretaciones. Desde esta perspectiva, el análisis se orientó a revelar las concepciones del  
ser, la existencia, la muerte, el absurdo y la facticidad presentes en la novela, estableciendo un  
diálogo entre el texto literario y las principales corrientes de la filosofía existencial y  
fenomenológica.  
Por otra parte, el diseño empleado fue hermenéutico, debido a que se centró en la  
interpretación de textos y en la comprensión de significados presentes en una obra literaria  
desde una perspectiva filosófica. La hermenéutica permitió examinar los sentidos explícitos e  
implícitos contenidos en la narración, interpretando las experiencias, acciones y reflexiones del  
protagonista como manifestaciones de problemáticas ontológicas y metafísicas.  
Desde esta perspectiva, la comprensión del texto se desarrolló mediante un proceso  
continuo de interpretación entre las partes y el todo de la obra, permitiendo identificar  
estructuras de significado relacionadas con la condición humana, la finitud, la corporalidad, la  
libertad y el absurdo.  
La investigación se adscribió a un diseño hermenéutico explicativo, dada que no se  
limitó únicamente a describir elementos filosóficos presentes en la novela, sino que buscó  
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explicar la forma en que dichos elementos configuran una determinada concepción del ser y de  
la existencia. Este carácter explicativo permitió establecer relaciones entre los acontecimientos  
narrativos, la construcción del personaje Meursault y los postulados filosóficos de Albert  
Camus, Martin Heidegger, Paul Ricoeur, Karl Jaspers, Jean-Paul Sartre y Maurice Merleau-  
Ponty, con el propósito de comprender la estructura ontológica implícita en la obra.  
La misma, también sustentó en un método hermenéutico-fenomenológico, orientado a  
comprender la experiencia existencial representada en la obra literaria y a interpretar sus  
significados filosóficos. En primer lugar, se empleó la hermenéutica filosófica de Hans-Georg  
Gadamer, particularmente su concepción de la comprensión como un proceso dialógico entre  
el intérprete y el texto. Este enfoque permitió establecer una fusión de horizontes entre la novela  
y las categorías filosóficas utilizadas para su interpretación. Asimismo, se incorporó la  
hermenéutica crítica de Paul Ricoeur, que posibilitó analizar los símbolos, metáforas,  
estructuras narrativas y configuraciones discursivas presentes en la obra. Desde esta  
perspectiva, la novela fue entendida como una construcción simbólica capaz de expresar  
concepciones filosóficas acerca de la existencia humana.  
De forma análoga, se empleó la fenomenología hermenéutica de Martin Heidegger,  
especialmente sus conceptos de ser-en-el-mundo, facticidad, finitud y ser-para-la-muerte. Este  
enfoque permitió interpretar la experiencia existencial de Meursault como una manifestación  
narrativa de determinadas estructuras ontológicas fundamentales. La articulación de estos  
enfoques posibilitó analizar la novela como un espacio de representación fenomenológica  
donde se manifiestan las tensiones entre existencia, absurdo, libertad, corporalidad y muerte.  
Por otra parte, la unidad de análisis estuvo constituida por la novela:  
Camus, A. (1942). El extranjero.  
La selección de esta obra respondió a su relevancia dentro del pensamiento filosófico  
contemporáneo y a su estrecha vinculación con las problemáticas del absurdo, la existencia, la  
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finitud y la condición humana. Por ello, se seleccionaron los segmentos narrativos que  
presentan mayor densidad filosófica y que contribuyen a la construcción ontológica y  
metafísica de la obra:  
El personaje de Meursault como eje de la experiencia existencial.  
Las escenas correspondientes al velorio y entierro de la madre.  
La escena del asesinato en la playa.  
El proceso judicial y la condena.  
Las reflexiones finales de Meursault ante la muerte.  
Los diálogos relacionados con el sentido de la vida, la libertad y la trascendencia.  
Las descripciones corporales vinculadas al calor, la luz, el cansancio y la percepción  
sensorial.  
El corpus documental estuvo conformado por fuentes primarias como: Camus, A.  
(1942). El extranjero, y fuentes secundarias como: Camus, A. El mito de Sísifo; Heidegger, M.  
Ser y tiempo; Sartre, J. P. El ser y la nada; Ricoeur, P. Sí mismo como otro; Jaspers, K.  
Philosophie y Merleau-Ponty, M. Fenomenología de la percepción, que representan estudios  
contemporáneos sobre ontología, fenomenología, existencialismo y filosofía del absurdo.  
Las categorías fueron construidas a partir de los objetivos de investigación y de las  
principales nociones filosóficas identificadas en la novela.  
En consecuencia, el análisis se desarrolló mediante cinco fases secuenciales:  
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Fase 1. Lectura comprensiva  
Se realizó una lectura exhaustiva y reiterada de la novela El extranjero, identificando  
los principales núcleos temáticos relacionados con la ontología, la metafísica y el absurdo.  
Fase 2. Selección de unidades significativas  
Se identificaron y delimitaron los fragmentos narrativos que presentaban mayor  
relevancia para los objetivos de investigación, particularmente aquellos vinculados con la  
muerte, el juicio, la corporalidad, el absurdo y la experiencia existencial de Meursault.  
Fase 3. Codificación temática  
Los fragmentos seleccionados fueron organizados y clasificados de acuerdo con las  
categorías y subcategorías previamente establecidas, permitiendo estructurar el análisis  
filosófico del texto.  
Fase 4. Interpretación hermenéutica  
Los fragmentos fueron interpretados mediante el diálogo crítico con los postulados  
filosóficos de Heidegger, Sartre, Ricoeur, Jaspers, Merleau-Ponty y Camus, identificando  
convergencias, divergencias y relaciones conceptuales.  
Fase 5. Construcción de núcleos interpretativos  
Finalmente, se integraron los hallazgos en núcleos interpretativos que permitieron  
explicar la configuración ontológica y metafísica presente en la novela, así como la  
especificidad del absurdo camusiano frente a otras corrientes existenciales.  
Dentro del procedimiento de análisis de datos, se efectuó una lectura analítica de la  
novela para identificar estructuras narrativas, símbolos, metáforas, diálogos y descripciones que  
evidenciaran problemáticas ontológicas y metafísicas.  
En análisis de contenido cualitativo de los fragmentos seleccionados fueron  
categorizados y examinados mediante procedimientos de codificación temática, permitiendo  
organizar los datos en función de los conceptos filosóficos centrales del estudio. Y por su parte,  
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la interpretación hermenéutica se realizó a partir del círculo hermenéutico, relacionando  
constantemente las partes de la obra con su totalidad y contrastando los hallazgos con los  
fundamentos teóricos de la fenomenología existencial, la hermenéutica filosófica y la filosofía  
del absurdo. Este procedimiento permitió construir una comprensión integral de la novela y  
explicar cómo la experiencia de Meursault configura una ontología de la facticidad, la  
inmanencia y el absurdo propuesta por Albert Camus.  
Resultados y discusión  
El análisis ontológico y metafísico de una obra literaria exige una delimitación  
epistemológica clara, especialmente cuando se trata de un texto como El extranjero, cuya  
estructura narrativa y cuyo protagonista encarnan una problemática radical de sentido. En  
cuanto forma simbólica, la literatura, constituye un dispositivo capaz de vehiculizar  
interrogantes ontológicos, puesto que, como señala Abbagnano (1998), la ontología no se  
restringe a un ámbito disciplinar, sino que se manifiesta allí donde se problematiza el ser. En  
este sentido, estudiar la obra de Camus debe comprender que la literatura es capaz de operar  
como un espacio de revelación fenomenológica, donde el ser se expresa bajo formas narrativas.  
Por tales motivos, este marco teórico se halla fundamentado desde un enfoque  
epistemológico, y las estructuras ontológicas actúan como un espacio emergente que se  
encargan de la literatura. En la postura heideggeriana de apertura del ser, Heidegger (2009)  
sostiene que todo acceso al ser implica una comprensión previa del mundo, y la novela  
Camusiana, en tanto relato atravesado por la ausencia deliberada de motivaciones metafísicas  
del protagonista, permite examinar la estructura del ser en el mundo, desde la perspectiva de la  
facticidad desnuda. Este fundamento epistemológico justifica el recurso constante a categorías  
como facticidad, finitud, ser para la muerte, ser en el mundo, absurdo, sentido y lucidez. Se  
trata de observar que la propia novela se configura como un espacio discursivo donde dichas  
categorías se hacen inteligibles, más no de aplicar estos conceptos de manera forzada a la obra.  
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Por ejemplo, al inicio de la novela muestra la presencia de la muerte como hecho bruto,  
carente de elaboración metafísica:  
“Hoy ha muerto mamá”.  
Este fragmento, cuya frialdad narrativa contrasta con la carga simbólica que la cultura  
suele atribuir a la muerte, se constituye epistemológicamente como un punto de entrada a la  
problemática ontológica del ser frente al límite.  
Este segmento, asume que la literatura, la historia de la filosofía y la fenomenología  
existencial se articulan en un continuo epistemológico que permite comprender la obra, al  
evidenciar la  
Ontología contemporánea y su pertinencia para el análisis Camusiano.  
La ontología contemporánea, se encuentra desarrollada en el seno de la fenomenología  
existencial por autores como Martin Heidegger, Karl Jaspers, Jean Paul Sartre y Maurice  
Merleau-Ponty, lo cual proporciona un entramado conceptual, que resulta especialmente  
pertinente para el análisis de El extranjero. Más allá de sus divergencias teóricas, estos  
pensadores comparten la misma preocupación fundamental por la condición finita del ser  
humano, la experiencia concreta de la existencia y la imposibilidad de reducir el ser a categorías  
abstractas o metafísicas tradicionales.  
Podemos ejemplificar este fragmento del velorio, para luego desarrollar por ejes las  
teorías de estos autores basado en la afirmación de Mersault:  
“Hacía calor, y la luz me molestaba”  
En primer lugar, existe un punto de convergencia central en la crítica a la metafísica  
esencialista. La ontología de Heidegger sustenta que el ser humano interpreta el mundo a partir  
de estructuras previas de comprensión, pero Meursault parece no activar estas estructuras, lo  
que lo convierte en una figura liminal dentro de la teoría ontológica. Además, Heidegger (2009),  
propone una ontología del Dasein, conceptualizada por su estar-en-el-mundo y de tal manera  
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rechaza la concepción del ser como sustancia fija. Análogamente, Sartre (2013) se niega  
rotundamente a la existencia de una esencia previa al existir, aseverando que el ser humano se  
concibe por su facticidad y por la carencia de una naturaleza establecida. Esta semejanza, resulta  
pertinente para lograr interpretar al protagonista, como un personaje que no se visualiza como  
un modelo moral o psicológico esencial, pero es determinado como existencia desnuda, y con  
ausencia fundamentos ontológicos trascendentes.  
Un segundo eje, se revela en la centralidad de la finitud y de las situaciones límite.  
Jaspers (1950) introduce el concepto de situaciones límite: la muerte, el sufrimiento, la culpa,  
como experiencias que revelan la estructura profunda de la existencia. Heidegger (2009), por  
su parte, sitúa la muerte como la posibilidad más propia del Dasein, mientras que Sartre (2013),  
la entiende como el límite que clausura toda proyección. En El extranjero, se puede observar  
como la muerte de la madre y la conciencia progresiva de la propia condena funcionan  
precisamente como situaciones límite que no conducen a la trascendencia, sino que apuntan  
directamente a lo absurdo, lo que nos permite una aproximación a la narrativa Camusiana a esta  
tradición ontológica, aunque desde una arista de metafísica distinta.  
Un tercer punto, se enmarca en la revalorización de la experiencia concreta y corporal  
como vía de acceso al ser. Merleau-Ponty (2013), sostiene que la percepción y la corporalidad  
constituyen el fundamento primario de toda experiencia ontológica. Esta tesis dialoga  
estrechamente con la fenomenología implícita en la obra, donde la conciencia de Meursault se  
articula a través de sensaciones físicas, como el calor, la luz, el cansancio. En este sentido, la  
corporalidad actúa como dispositivo ontológico que esclarece inmediatamente la relación que  
tiene el sujeto con el mundo, por tanto, no aparece como una adición del relato, sino que cumple  
su función.  
En consecuencia, estos autores convergen en la descentralización del sentido como  
estructura dada. Sartre enfatiza la libertad como creación de sentido y Jaspers conserva una  
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apertura a la trascendencia, ambas ideologías coinciden en que el mundo no ofrece un  
significado inherente y, por ende, el ser humano debe enfrentarse a una realidad carente de  
garantías ontológicas. Entonces, dicha coincidencia reconoce el absurdo Camusiano no como  
una ruptura aislada, sino como una radicalización literaria de una problemática ontológica  
compartida con la tensión irreductible entre la conciencia humana y un mundo que no responde  
a sus expectativas de sentido.  
Desde esta perspectiva, El extranjero se establece como un campo de convergencia y a  
su vez de tensión crítica con la ontología existencial contemporánea. Camus propone sus  
elementos específicos y fundamentales: finitud, facticidad, corporalidad, ausencia de esencia,  
pero se aleja ante cualquier intento de resolver dicha condición mediante la libertad o la  
trascendencia filosófica. Esta posición refuerza la pertinencia de un análisis ontológico  
comparado, en el que Meursault se configura como una figura límite que encarna, de manera  
narrativa, los problemas centrales de la ontología del siglo XX.  
El absurdo como categoría ontológica y metafísica  
El concepto de absurdo constituye uno de los aportes más originales y sistemáticamente  
elaborados de Albert Camus a la filosofía contemporánea. Su formulación, lejos de admitir  
interpretaciones meramente emocionales o psicológicas, exige un análisis ontológico riguroso,  
en tanto se inscribe en el modo en que el ser humano se relaciona con el mundo y con su propia  
existencia. Desde esta visión, se concierne que el absurdo no distingue un estado afectivo  
transitorio como la angustia, la desesperación o el hastío, sino una estructura que tiene  
protagonismo en base al enfrentamiento entre la conciencia humana y la opacidad constitutiva  
de la realidad. Camus es preciso cuando exhorta que el absurdo no tiene residencia ni en el  
sujeto ni en el mundo considerados aisladamente, sino en la tensión irreductible que surge de  
su encuentro. En la obra El mito de Sísifo, sustenta que “el absurdo nace de esta confrontación  
entre la llamada humana y el silencio irrazonable del mundo” (Camus, 2015). Este enlace  
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afirmativo esclarece el estatuto ontológico del absurdo, el cual se trata de una relación  
estructural, no de una disposición interna del individuo. En asusnto de conciencia reflexiva, el  
ser humano prevalece buscando unidad, claridad y sentido, sin embargo, el mundo se exhibe  
como indiferente, contingente y carente de finalidad. El absurdo surge necesariamente en ese  
hiato ontológico que combina la ausencia objetiva de respuesta y la expectativa de sentido.  
Desde el punto de vista ontológico, este pensamiento abarca una ruptura con la  
metafísica tradicional, que había dado correspondencia al orden del mundo con la razón  
humana. Al contrario de las ontologías clásicas, que concebían el ser como inteligible y  
teleológicamente orientado, Camus se enmarca a una ontología que asigna la no coincidencia,  
dado que el ser no dictamina una respuesta a la razón, y la razón no haya justificación última.  
en el ser. Por ello, el absurdo no se proporciona como una anomalía existencial, pero si como  
consecuencia lógica de la condición humana en un mundo desacralizado.  
Aquél planteamiento converge parcialmente con la ontología existencial de Heidegger,  
en la medida en que ambos rechazan una comprensión sustancialista del ser. Sin embargo,  
Camus se mantiene al margen del filósofo alemán en un punto decisivo; mientras Heidegger  
concibe la experiencia de la finitud como apertura a la autenticidad del Dasein, Camus entiende  
la finitud como límite absoluto que no revela un sentido oculto, sino la imposibilidad misma de  
toda fundamentación metafísica. El absurdo, por tanto, no conduce a una apropiación  
ontológica del ser, sino a la constatación lúcida de su falta de fundamento.  
Asimismo, la ontología del absurdo se diferencia del existencialismo Sartreano. Para  
Sartre (2013), la ausencia de esencia abre el espacio de una libertad radical que permite al sujeto  
constituir sentido mediante sus proyectos. Camus, en cambio, concierne que esta apelación a la  
libertad creadora tiene riesgo de convertirse en una nueva forma de metafísica encubierta. Bajo  
esta perspectiva, se identifica que el absurdo no se supera ni es resuelto, pero se mantiene como  
una condición permanente.  
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En la novela, sus primeras páginas muestran que el fallecimiento de la madre de  
Meursault, no provoca en él un análisis o reflexión profunda sobre el sentido de la vida, solo  
desencadenan una serie de emociones corporales y sensoriales.  
“El calor era casi insoportable”, “la luz entraba fuerte por las ventanas”,  
“me dolían los ojos”.  
Dichas proposiciones revelan que el mundo no se presenta como portador de  
significado, sino como una realidad material que se impone a la conciencia. Es evidente y  
contundente, que el protagonista no experimenta el absurdo como angustia reflexiva, sino como  
una forma de estar-en-el-mundo caracterizada por la aceptación silenciosa de la contingencia.  
Se revela una ontología de la inmanencia radical, a través de indiferente con los valores sociales,  
su actuar incapaz o negativa frente al sentido trascendente de los conocimientos, u otros factores  
que recaen en lo sensible antes que en lo simbólico.  
Relación entre ontología existencial y absurdo: pertinencia metodológica  
Martín Heidegger, desarrolla una propuesta filosófica basado en Ser y tiempo, donde  
analiza al ser a partir del Dasien. El análisis del Dasein va encaminado a la comprensión  
explícita del sentido del ser. Heidegger sigue esta línea fenomenológica y hermenéutica porque  
el Dasein es el lugar del sentido y de la comprensión del ser; es el ente que tiene comprensión  
del ser (Barciano, 1982). Por lo que se puede determinar que el absurdo no funciona únicamente  
como una esencia metafísica, sino como una manera expresa de ser.  
Meursault encarna esta relación: es un ser-en-el-mundo, cuya relación con la realidad  
está desprovista de finalidad moral o trascendente. Esto se aprecia de manera notable en  
fragmentos como:  
“No  
sabía  
exactamente  
qué  
decir”,  
“me  
aburría”,  
“no sentía nada en particular”.  
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Aquello no debe interpretarse como signos de apatía emocional o déficit afectivo, sino  
como indicadores ontológicos de una conciencia que no logra articular la experiencia en  
términos de significado trascendente. El lenguaje en Meursault, registra el mundo, pero no lo  
organiza. Dicha pobreza lexical no índice como carencia psicológica, pero opera como fidelidad  
substancial a la experiencia inmediata.  
Además, esta condición puede leerse como una radicalización del diagnóstico  
existencial contemporáneo. Heidegger (2009), sostiene que el Dasein está arrojado al mundo,  
y que en su cotidianidad suele ocultar esta condición bajo interpretaciones tranquilizadoras del  
sentido. Meursault, en cambio, no participa de este encubrimiento. Su existencia se desarrolla  
en un plano de inmanencia absoluta, donde los hechos no son símbolos de otra cosa, sino buenos  
acontecimientos. Las situaciones como el trabajo, el amor, el crimen y principalmente el  
fallecimiento de su madre no se encajan a una narrativa de significado, puesto que aparecen  
explícitamente como hechos desnudos.  
La desconexión entre el ser y la realidad se hace aún más evidente cuando Meursault  
entra en contacto con el aparato judicial y moral de la sociedad. Allí se revela que la comunidad  
exige una coherencia teleológica, las acciones deben responder a motivos, valores y finalidades  
reconocibles. Sin embargo, Meursault no puede, ni quiere proporcionar tales justificaciones,  
porque su experiencia del mundo no las contiene. Su condena está afanada tanto al crimen  
cometido, sino a su incapacidad de sentir y tener una relación con la sociedad. En este punto,  
Camus muestra que la verdadera transgresión ontológica de Meursault consiste en no mentir  
sobre el sentido. Entonces, desde la óptica Camusiana, esta desconexión no debe ser superada  
mediante la construcción artificial de significados. Este postulado se aleja a la teoría ontológica  
de Sartre, pues “se propone desarrollar una explicación ontológica de lo que es ser humano. Las  
principales características de esta ontología son la falta de fundamento y la libertad radical que  
caracterizan la condición humana” (Onof, s.f). Ante esto, se determina, que mientras Sartre  
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sostiene una teoría basada en lo liberal del ser, Camus por su parte se mantiene en que cualquier  
intento de sentimiento contribuye a una evasión metafísica.  
Cabe lo mencionado, Meursault representa una figura límite de la ontología  
contemporánea, un ser que no intentar integrar su existencia en un orden moral, metafísico o  
teleológico, sino que mantiene su postura fiel a la experiencia de la desconexión total con la  
realidad. Su vida no se orienta hacia un objetivo, ni tiene finalidad, menos está estructurada por  
un proyecto, ni sostenida por una esperanza trascendente. En su postura de fidelidad radical a  
la contingencia, Camus logra encontrar un método exagerado de afrontar la honestidad  
ontológica, no la dictamina como una derrota. En consecuencia, esta estrecha desconexión de  
la realidad y el ser en El extranjero debe comprenderse como una revelación del protagonista,  
donde pone en evidencia la fragilidad de las construcciones metafísicas que pretenden otorgar  
de sentido al mundo, por ende, la existencia humana se visualiza frente a su condición más  
elemental, que es la vivencia de un último fundamento.  
Meursault como estructura ontológica: el ser-en-el-mundo reducido a la facticidad  
Heidegger define el Dasein como el ente que “es en cada caso el suyo propio” (2003).  
El rasgo constitutivo del Dasein es su condición de ser-en-el-mundo, no como relación externa,  
sino como estructura ontológica originaria: “El ‘ser-en’ no significa un estar dentro espacial,  
sino la constitución fundamental del Dasein” (Heidegger, 2003). Asimismo, el filósofo alemán  
introduce la noción de facticidad como el carácter de estar arrojado (Geworfenheit) y esta  
arrojabilidad implica que la existencia no se elige en su origen, sino que se recibe como  
condición dada.  
Esta modalidad de existencia se evidencia desde las primeras líneas de la novela. Ante  
la muerte de su madre, Meursault afirma:  
“Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer, no lo sé”.  
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La incertidumbre que expresa esta frase no debe interpretarse como un signo de  
desorientación emocional ni como un déficit afectivo. Desde un punto de vista ontológico, se  
trata de la manifestación de una conciencia que no organiza la experiencia mediante categorías  
simbólicas, como la memoria afectiva, el duelo o el deber filial. Como sostiene Ricoeur (2006),  
la experiencia humana suele estructurarse narrativamente para dotar de sentido los  
acontecimientos. En cambio, el protagonista enuncia el hecho sin inscribirlo en una trama  
interpretativa, es decir, su ser no se despliega en el plano del significado, sino en el de la  
constatación.  
El comportamiento posterior durante el velorio confirma esta modalidad ontológica.  
Fragmentos como:  
“El  
calor  
y
la  
luz  
hacían  
difícil  
la  
estancia”,  
“me  
dolían  
los  
ojos”,  
“sentía cansancio”.  
Estas proposiciones revelan que Meursault no vive la muerte como acontecimiento  
simbólico, sino como experiencia corporal inmediata. Desde la antropología filosófica  
occidental, la muerte está idealizada como ruptura significativa, ritualizada y cargada de sentido  
trascendente. En Meursault, esta identificación cultural no tiene cabida, dado que el mundo no  
se le presenta como significación, sino como estímulo físico.  
Merleau-Ponty se articula estrechamente con la fenomenología de estar-en-el-mundo  
de. Según este autor, la percepción no es un acto secundario de la conciencia, sino el modo  
originario de acceso al mundo; el cuerpo es el sujeto de la percepción y no un objeto entre otros  
(Merleau-Ponty, 2013). En Meursault, esta tesis alcanza una radicalidad extrema, donde la  
percepción no conduce a una elaboración reflexiva posterior, sino que se agota en sí misma. La  
conciencia no interpreta lo percibido; simplemente lo padece o lo registra. Por tanto, la  
percepción es precisamente la forma concluyente de su ontología.  
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Desde una perspectiva psicológica existencial, aquella estructura pretende reducirse a  
una patología. Binswanger (1963) advierte que interpretar la existencia únicamente desde  
categorías psicopatológicas implica desconocer su estructura ontológica. Es evidente que en el  
caso de Meursault, la aparente indiferencia emocional se debe a una mediación simbólica entre  
el sujeto y la realidad. Su perfil psicológico se caracteriza por una afectividad no elaborada  
narrativamente, lo que refuerza y no contradice su condición ontológica de facticidad pura.  
De este modo, Sartre (2013) afirma que el compromiso es una consecuencia de la  
libertad entendida como proyecto, en Meursault, al no existir proyecto, tampoco hay  
compromiso, su relación con la realidad es de presencia sin apropiación, de contacto sin  
interpretación. Camus describe esta condición como estar “al borde de la vida”. El mito de  
Sísifo, Camus (2015) afirma que la lucidez tiene esencia en reconocer la ausencia de sentido sin  
la necesidad de acceder a consuelos metafísicos. Para ello, el protagonista representa cuya  
lucidez a profundidad, él no planea dar explicaciones acerca del mundo,  
Meursault no corresponde al modelo del Dasein proyectivo heideggeriano, ni al sujeto  
libre sartreano, ni al ser abierto a la trascendencia jasperiana. Su figura revela una ontología  
negativa, en la que el ser se manifiesta como presencia sin fundamento, sin finalidad y sin  
promesa. Albert Camus no propone esta figura como ideal, sino como revelación, Meursault  
expone de manera incómoda la condición ontológica del ser humano en un mundo que ya no  
garantiza sentido alguno.  
La indolencia afectiva como fenómeno ontológico y no patológico  
Uno de los rasgos más controvertidos de El extranjero es la aparente indiferencia  
emocional de Meursault. Desde una lectura psicológica inmediata y no especializada, este  
comportamiento ha sido interpretado con frecuencia como apatía, frialdad afectiva o incluso  
como una forma de alexitimia. Sin embargo, resultan insuficientes tales interpretaciones y a su  
vez metodológicamente problemáticas al momento de analizar a la luz del proyecto filosófico  
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de Albert Camus. En efecto, llevar a una categoría clínica a Meursault a una implica desconocer  
el estatuto ontológico que dicha indolencia adquiere en el cuadro del absurdo.  
Desde lo ontológico, la indolencia afectiva de Meursault es una modalidad del ser-en-  
el-mundo, aparentemente lógica que basa su finalidad en la existencia destituida de ilusiones  
trascendentes. Camus construye un personaje, cuya relación con la realidad no se pronuncia a  
partir de valores morales heredados, menos de esquemas afectivos normativos, sino desde una  
fidelidad radical a lo que se presenta inmediatamente. El propio Camus advierte que el absurdo  
no consiste en negar los sentimientos, sino en rechazar los significados impuestos que pretenden  
otorgarles un valor absoluto (Camus, 2015). Tras el entierro, Meursault afirma:  
“No me quedaba más que el cansancio”.  
Esta expresión no transmite tristeza, pero tampoco negación o evitación emocional,  
simplemente constata su estado corporal o físico. Con esto, encuentra concordancia con la  
visión de Camus, quien considera que el ser humano absurdo no pretende añadir sentido  
emocional a aquello que en realidad no lo tiene, porque no lo siente.  
Por otra parte, Heidegger describe la “indiferencia afectiva” (Gleichgültigkeit) como un  
estado en que el Dasein se encuentra absorbido por el mundo sin articulación emocional  
explícita. No se trata de frialdad, sino de una modalidad pre-reflexiva de existencia. Meursault  
encarna esta indifferentia ontológica, lo cual se diferencia del sujeto patológico porque no existe  
disfuncionalidad, sino coherencia.  
En la novela aparece otro ejemplo significativo durante su relación con Marie:  
“Me preguntó si la amaba. Le dije que eso no significaba nada, pero que no creía.” (fragmento  
correspondiente al segundo capítulo de la obra).  
Aquí, la negación de significado no es cinismo ni evasión, sino rechazo a convertir la  
emoción en una trascendencia ontológica. Sartre (2013), consideraría esta postura como la  
renuncia a vivir en “mala fe”, pues Meursault no miente sobre lo que no siente.  
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La literatura científica sobre Camus, como los estudios de Llorens (2017) en la Revista  
de Filosofía, sostiene que la afectividad en Meursault debe leerse desde la metafísica de la  
inmanencia, donde el protagonista no niega las emociones, sino que no las eleva al rango de  
fundamento ontológico. Así, su aparente frialdad constituye una forma de autenticidad  
ontológica que disloca las expectativas sociales y produce el conflicto que se desarrollará en  
los capítulos posteriores.  
La facticidad radical: el sujeto que no proyecta  
Mientras que la filosofía existencialista considera la proyección como un elemento  
central del ser (el ser es siempre un proyecto), Meursault se sitúa en el extremo opuesto, mismo  
que carece de proyecto, vive en la inmediatez y no anticipa. Este modo de ser que puede  
confundirse con pasividad, es en realidad una elección ontológica coherente con el absurdo.  
Cuando Meursault describe un día cualquiera:  
“Fumé, bebí café y luego dormí un poco. No tenía ganas de hacer nada más.”  
Este fragmento, encontrado en la parte inicial de la obra, ilustra cómo su existencia se  
estructura en torno a acciones inmediatas sin planificación.  
Desde la perspectiva de Heidegger, esta forma de ser podría describirse como “caída”  
(Verfallen) en la cotidianidad; sin embargo, Meursault no está absorbido por el mundo de  
manera inauténtica. Su proyección ausente no proviene de la huida, pero si de la aceptación  
absoluta del presente.  
Jaspers (1950) lo denominaría “existencia en nivel elemental”, un ser que vive la  
facticidad sin angustia, sin trascendencia, sin expectativa. En similitud al pensamiento de  
Camus, donde define del hombre absurdo, aquel que vive sin apelación.  
La ciencia literaria contemporánea clasifica este tipo de personaje como figura “anti-  
teleológica” (Born, 2000), pues no orienta su vida hacia un fin. Esta ausencia de teleología será  
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clave para comprender el juicio y la condena, donde la sociedad exige sentido y Meursault no  
lo ofrece.  
Ser-en-el-mundo de Meursault: corporalidad, percepción y neutralidad ontológica  
En la metafísica clásica, el cuerpo fue entendido como vehículo del alma o como  
instrumento del ser. En la ontología contemporánea, especialmente en Merleau-Ponty, el cuerpo  
es el punto de anclaje del ser-en-el-mundo. Meursault expresa esta corporalidad radical  
mediante la atención constante al clima, la luz, el sudor, la playa, la incomodidad física. Los  
fragmentos describen el asesinato del árabe, muestran la fuerza de la corporalidad  
“El  
sol  
me  
golpeaba  
la  
frente”,  
“el  
sudor  
me  
corría  
por  
la  
cara”,  
“la luz era un muro que me impedía avanzar”.  
Desde una perspectiva fenomenológica, esta escena confirma la tesis de Merleau-Ponty  
según la cual el cuerpo no es un objeto situado en el mundo, sino el medio por el cual el mundo  
se hace presente (Merleau-Ponty, 2013). Elementos como: el sol, la luz y el calor aquí se  
perciben como fuerzas directas que actúan directamente en el cuerpo del protagonista, dejando  
atrás cualquier lejanía reflexiva. El mundo se idealiza como sufrido, de esta propocisión nace  
la distancia entre sujeto y objeto como definición de una ontología de inmediatez absoluta. Por  
su parte, la cultura occidental designa conceptos trascendentes a la muerte, al amor, a la culpa;  
pero Meursault no lo hace, de tal forma que su ser-en-el-mundo se visualiza como carencia de  
humanidad, cuando verdaderamente es una representación distinta y filosóficamente coherente  
de estar en el mundo. Ante esto es pertinente contextualizar estos significados.  
El amor, en la tradición cultural y filosófica occidental suele concebirse como  
experiencia que otorga sentido a la existencia, ya sea como realización personal, comunión  
espiritual o proyecto compartido. En El extranjero, esta concepción se ve radicalmente  
desactivada. La relación de Meursault con Marie carece de proyección, promesa o idealización,  
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cuando ella le pregunta si la ama, él responde que “eso no significaba nada”, aunque admite  
que le gusta estar con ella (Camus, 2020).  
Desde una lectura superficial, esta respuesta podría interpretarse como incapacidad  
afectiva. No obstante, ontológicamente revela algo más profundo, Meursault vive el amor sin  
trascenderlo, sin convertirlo en fundamento del ser. Merleau-Ponty (2013) sostiene que la  
experiencia corporal es anterior a toda simbolización, por esto, en Meursault el amor permanece  
en este nivel originario y el vínculo amoroso no se convierte en promesa metafísica, sino que  
se agota en la presencia, el contacto y el placer compartido.  
Por otra parte, la antropología moral occidental añade un lugar importante a “la culpa”.  
Desde la tradición judeocristiana hasta la ética moderna, sentirse culpable es signo de  
humanidad, conciencia y responsabilidad. En esta novela El extranjero, Meursault no es capaz  
de experimentar el sentimiento de culpabilidad. Luego del asesinato, no se observa arrepentido,  
ni se confiesa moralmente; fríamente reconoce la acción, pero la misma no comprende ningún  
tipo de significado moral. El protagonista se halla ausente de culpa, por lo que se evidencia una  
desconexión total ontológica del factor simbológico que la produce. Sartre (2013) afirma que  
la culpa surge cuando el sujeto se reconoce responsable de sus actos dentro de un marco de  
sentido. Meursault, al no inscribir su acción en un horizonte moral trascendente, no puede  
experimentar culpa en términos tradicionales, su responsabilidad es fáctica, no moralizada.  
La muerte como acontecimiento metafísico: límite ontológico y revelación del absurdo  
Dentro del pensamiento metafísico, la muerte representa el límite último del ser, aquello  
que revela con mayor fuerza la finitud y la imposibilidad de un sentido trascendente dado por  
el mundo. Heidegger (2009) la denomina la “posibilidad más propia”, mientras que Jaspers  
(1950) la inscribe dentro de las “situaciones límite” que desvelan la verdad del existir.  
En El extranjero, la muerte aparece, desde la primera línea como un hecho desnudo, sin  
vestiduras simbólicas, representa:  
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“Hoy ha muerto mamá. O quizás ayer, no lo sé.”  
Este enunciado, lejos de constituir una simple frase introductoria, establece una  
metafísica implícita, dado que se configura indirectamente por medio de la experiencia y  
conducta del propio protagonista, a su vez la muerte no es acontecimiento cargado de sentido,  
sino una irrupción en la facticidad del existir. En la obra, durante el velorio, puede leerse:  
“El calor era tan fuerte que no sabía si estaba realmente triste.” (línea correspondiente a la  
descripción del asilo).  
Con estas líneas se observa la experiencia metafísica a la experiencia física del  
protagonista. Estos elementos como el cansancio, la luz, el sudor, agotamiento dan  
significatividad a la muerte. Además, se evidencia que el cuerpo pasa de ser un lugar que  
percibe el dolor, se convierte en mediador del sujeto con los acontecimientos.  
La ciencia literaria coincide en que, en Camus, la muerte inaugura el absurdo (Born,  
2000; Llorens, 2017). El protagonista no carece de emociones, carece de trascendencia  
metafísica, y esta diferencia es fundamental para leer la obra desde un enfoque ontológico.  
El sol como dispositivo metafísico del absurdo  
Uno de los elementos más poderosos en la novela, uno de los más malinterpretados por  
lecturas no filosóficas, es la presencia del sol. En El extranjero, el sol no puede ser reducido a  
un mero fenómeno atmosférico ni a un recurso descriptivo del paisaje argelino. Por el contrario,  
constituye un dispositivo ontológico central que revela de manera sensible y concreta, la  
condición absurda del ser humano y participa activamente en la determinación de la acción.  
Camus transforma el sol en una fuerza ontológicamente operativa, donde es posible que  
logre desestabilizar la relación tradicional entre sujeto, mundo y sentido. Desde una perspectiva  
ontológica, el sol encarna la indiferencia del mundo frente a las expectativas humanas de orden,  
medida y racionalidad. En la tradición filosófica y literaria occidental, la luz hace alusión al  
conocimiento, la claridad y la verdad. En El extranjero, esta simbología se invierte totalmente,  
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la luz no ilumina, ciega, no revela sentido, lo disuelve. El sol no esclarece el mundo; lo vuelve  
insoportable. Esta inversión es coherente con la tesis Camusiana según la cual el mundo no  
responde a la exigencia humana de significado, sino que se presenta como opaco y excesivo  
(Camus, 2015). Antes del asesinato, Camus describe:  
“El sol caía a plomo sobre la arena y el sudor me corría por la frente.”  
“La luz era como una espada que me hería los ojos.”  
Esta carga física del sol no puede interpretarse como simple adorno descriptivo. La  
fenomenología de la percepción explica que el entorno afecta ontológicamente al sujeto, el  
cuerpo es atravesado por el mundo. Merleau-Ponty (2013), sostiene que la luz, el calor, los  
colores y la presión corporal no son datos exteriores, sino configuraciones de sentido pre-  
reflexivo.  
Cuando Meursault afirma que el sol lo “impulsó” a disparar, no está imponiendo  
responsabilidad moral, está relatando un estado ontológico límite donde la percepción se aturde  
hasta hacer colapsar la capacidad de reflexión y meditación. En un fragmento, puede leerse:  
“Sentí que el cielo se abría en dos y dejaba caer fuego.”  
“Todo temblaba bajo el sol.”  
Estas proposiciones, formuladas con un lenguaje literario intenso, no operan en El  
extranjero como simples recursos estilísticos ni como metáforas ornamentales. Su función es  
eminentemente metafísica y ontológica, en tanto revelan una ruptura estructural entre el sujeto  
y el mundo. El autor, no emplea estas imágenes para embellecer la narración, sino para hacer  
sensible el carácter absurdo de la existencia, es decir, la imposibilidad de armonizar la  
conciencia humana con una realidad que se impone sin justificación ni finalidad.  
Desde la perspectiva Camusiana, el absurdo surge cuando la conciencia que busca  
claridad, orden y sentido se enfrenta a un mundo que no responde a esas exigencias (Camus,  
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2015). Desde este contexto, el sol funciona como mediador fenomenológico de dicha  
confrontación. No representa simbólicamente la violencia del mundo, la palpa.  
Desde un enfoque ontológico, esta experiencia evidencia lo que Heidegger denomina  
una ruptura en la familiaridad del ser-en-el-mundo. Cuando el mundo deja de presentarse como  
“a la mano” (zuhanden), se revela en su carácter opresivo y extraño (Heidegger, 2009). El sol,  
al volverse insoportable hace visible esta extrañeza fundamental, el mundo ya no es hogar, sino  
fuerza indiferente. Sin embargo, a diferencia de Heidegger, en Camus esta revelación no  
conduce a la autenticidad, sino al reconocimiento del absurdo.  
La afirmación “dejaba caer fuego” puede manifestarse como una realidad sin rostro ni  
intención. Paradójicamente, el sol no juzga ni persigue a Meursault, solo existe con una  
intensidad que excede la capacidad humana de significación. Como señala Camus, el mundo  
no es irracional, sino a-racional: no ofrece respuestas porque no está orientado al sentido  
humano (Camus, 2015).  
En este marco, el sol adquiere una función ontológica decisiva, desvela la impotencia  
de la conciencia para dominar o interpretar plenamente la realidad. La conciencia no es  
derrotada por una fuerza moral, sino por una presencia física que no admite diálogo. Esta  
experiencia desmantela la ilusión metafísica de que el mundo está hecho a la medida del ser  
humano, una ilusión profundamente arraigada en la tradición occidental (Abbagnano, 1998). El  
sol no da significado a algo distinto de lo propio, yace en función al experimentar la condición  
absurda. En términos de Ricoeur (2006), se trata de una imagen que no remite a un concepto,  
sino que produce sentido por choque, obligando al lector a confrontar una experiencia límite  
del ser.  
El sol no es capaz de alter la conciencia, la expone. No crea el absurdo, lo vuelve visible.  
Camus determina una operación filosófica fundamental, al mostrar que el absurdo no se piensa  
únicamente, sino que se vive corporalmente, en el roce violento entre una conciencia lúcida y  
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un mundo que permanece radicalmente indiferente. Este análisis nos permite cerrar el eje del  
sol como dispositivo metafísico y abrir el paso a una reflexión más amplia sobre la  
responsabilidad, el juicio y la condena, donde la sociedad intentará reinstalar un sentido moral  
allí donde el mundo ontológicamente se ha negado a ofrecerlo.  
La playa, el calor y la violencia: una lectura metafísica del asesinato  
La escena del asesinato del árabe es el punto de mayor tensión metafísica en la obra. La  
crítica jurídica de la época leyó la escena como prueba de indiferencia moral. Sin embargo,  
desde el punto de vista ontológico, lo que ocurre es una saturación de la facticidad que desborda  
la capacidad humana de ofrecer sentido.  
En la novela, se encuentran los siguientes fragmentos:  
“El sudor me nubló la vista.”  
“El sol golpeaba la arena con una violencia imposible.”  
“Solo quedaba la luz, un muro de luz.”  
Aquellos elementos abarcan un estado fenomenológico del mundo, como el sol, la  
arena, la luz, el sudor constituyen una atmósfera ontológica que encierra al protagonista. Aquí,  
Heidegger resultaría útil, Meursault es arrojado a un momento que no domina, donde la  
existencia se revela como límite y donde no existe un porqué.  
La fenomenología existencial denomina este fenómeno “crisis del mundo”: el mundo,  
por un momento, deja de ser confiable. Y cuando el mundo colapsa, el sujeto pierde las  
coordenadas de sentido que estructuran la acción.  
El disparo, entonces, no es un acto moral sino metafísico. Camus lo describe así:  
“El disparo fue como tocar en la puerta de la desgracia.”  
Este fragmento, aunque breve, es uno de los más reveladores de la obra, no dice “decidí  
matar”, sino “el disparo fue”, como si la acción surgiera desde la exterioridad ontológica.  
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La ciencia literaria contemporánea, particularmente los estudios de Martínez (2018) en  
Hispanófila, ha interpretado esta escena como un colapso del mundo vivido. No se trata de  
excusar el crimen, sino de comprender que la novela explora la incapacidad del ser humano  
para sostener un sentido estable frente al exceso del mundo.  
Sentido, no-sentido y la metafísica del silencio  
El absurdo se expresa de manera radical en la relación entre sentido y silencio. El mundo  
no responde. Esta tesis, central en Camus, se verifica en la novela cuando Meursault intenta  
pensar su vida y no encuentra nada que interpretar.  
Durante su estancia en la cárcel, se muestran fragmentos como:  
“El cielo estaba cortado en un cuadrado pequeño.”  
“Aprendí a contar los sonidos de mi cuerpo.”  
Estos elementos son profundamente metafísicos, y señalan la reducción del mundo a su  
mínima expresión. La cárcel simboliza la condición humana, siendo apreciada un espacio  
cerrado donde el sujeto se confronta con su propia finitud, pero lejos de caer en la  
desesperación, Meursault acoge esta experiencia como una verdad ontológica.  
La metafísica tradicional busca un fundamento: Dios, la razón, la esencia. Camus  
rechaza esta estructura y propone una metafísica de la inmanencia, el sentido no existe fuera de  
la vida concreta.  
Por eso Meursault concluye:  
“Lo único seguro es que uno muere.”  
Esta afirmación, lejos de ser nihilista, confirma la tesis ontológica fundamental del  
absurdo, donde enmarca que la única certeza es la finitud, y aceptar esa condición constituye la  
forma más auténtica de ser. Es pertinente darle importancia a la postura del autor relacionada  
al existencialismo y como lo conceptualiza.  
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La posición de Albert Camus frente al existencialismo: afinidades y divergencias  
metafísicas  
Albet Camus, en su momento rechazó explícitamente ser catalogado un filósofo del  
existencialismo. En varias entrevistas y ensayos, sostuvo que su pensamiento no estaba  
relacionado al de Sartre, Heidegger o Kierkegaard, puesto que su reflexión no desemboca en  
una ontología del sentido ni en una ética de la libertad fundada metafísicamente.  
En El mito de Sísifo, Camus es categórico al afirmar que el absurdo no puede resolverse  
ni mediante la fe de Kierkegaard ni mediante el compromiso ontológico con la libertad de  
Sartre. Señala que ambos caminos constituyen formas de lo que denomina suicidio filosófico,  
es decir, intentos de escapar del absurdo introduciendo un principio trascendente o racional que  
lo neutraliza (Camus, 2015).  
La diferencia central: libertad vs. absurdo  
En el concepto del existencialismo Sartreano se manifiesta que el ser humano está  
condenado a la libertad, y esta libertad es el fundamento ontológico de todo acto. Sartre (2013),  
afirma que el sujeto es proyecto, su ser es hacerse. Camus, por el contrario, rechaza que exista  
un fundamento ontológico tan sólido. Para él, la libertad existe, pero solo como conciencia del  
absurdo, no como estructura metafísica esencial.  
En la novela, el comportamiento del protagonista confirma dicha diferencia. Mientras  
que un personaje sartreano actuaría a partir de un proyecto, Meursault actúa, o no actúa desde  
la facticidad. En la obra, tras visitar al jefe que le ofrece un posible traslado, Meursault dice:  
Conclusión  
A través del análisis desarrollado permite afirmar que El extranjero de Albert Camus,  
configura una ontología singular que comparte con el existencialismo la constatación del  
arrojamiento y la ausencia de sentido dado, se distancia radicalmente de sus soluciones  
metafísicas. A diferencia de la ontología del proyecto en Sartre o de la autenticidad en  
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Heidegger, Camus no propone una superación del sinsentido mediante la libertad, la  
trascendencia o la resolución existencial. Por el contrario, el absurdo mantiene su posición de  
estructura no reducible de la condición humana.  
La indolencia afectiva de Meursault, distante a constituir un déficit psicológico, surge  
como una forma de fidelidad ontológica a la facticidad. la acción negativa de dramatizar la  
muerte, el amor o la culpa permite observar una coherencia con un mundo que evidentemente  
no ofrece justificación trascendente. De tal manera, la negación del proyecto vital no constituye  
mala fe, pero si reconocimiento de que ningún cambio existencial puede sobrepasar la condición  
fundamental de finitud y contingencia. En este caso, la muerte, al ser asumida, no abre pauta a  
la esperanza, menos a la redención, pero afianza a la inmanencia absoluta del ser.  
Asimismo, el protagonista al experimentar un juicio, evidencia la tensión entre una  
ontología del absurdo y una sociedad que exige coherencia moral y un significado trascendente.  
Con su condena no se busca sancionarlo únicamente por su crimen, sino que subyace  
fundamentos simbólicos basados en la cultura occidental. En este sentido, la novela esclarece  
que el conflicto real nunca fue jurídico, siempre afianzó lo metafísico, dado que se confrontan  
dos concepciones del ser, una que por un lado busca sentido y otra que asume su ausencia.  
Adicionalmente, puede sostenerse que El extranjero nos muestra una metafísica implícita  
instaurada en la inmanencia, la corporalidad y la lucidez ante la muerte, pero el caso de esta  
metafísica es que si proporciona coherencia filosófica. El autor Albert Camus en ningún  
momento destierra la interrogante por el ser, sino que la radicaliza al situarla en el límite donde  
toda trascendencia se revela imposible. Sin duda esta obra guarda vigencia, debido una tensión  
no resuelta que mantiene interpelando el pensamiento contemporáneo, sobre su vínculo entre  
la existencia, sentido y finitud.  
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Detalle editorial consultado en la página de Losada y referencias de venta.  
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Ficha editorial disponible en la web del Fondo de Cultura Económica.  
Born, M. (2000). Estudios sobre el absurdo camusiano. Journal of Modern Literature, 23(2),  
4561.  
Artículos  
académicos  
de  
esa  
revista  
pueden  
consultarse  
en  
JSTOR.  
Llorens, J. (2017). El pensamiento del absurdo en Camus. Revista de Filosofía, 42(1), 123147.  
Disponible en el portal de revistas de la Universidad Complutense de Madrid.  
Martínez, D. (2018). La metafísica de la violencia en El extranjero. Hispanófila, 184, 5578.  
Accesible a través de bases de datos académicas como Project MUSE.  
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