Vol. 7 – Núm. 1 / Enero – Junio – 2026
Jerarquías, del saber: interseccionalidad, diálogo de saberes y
colonialidad epistémica en la universidad ecuatoriana
Hierarchies of Knowledge: Intersectionality, Dialogue Among Knowledge
Systems, and Epistemic Coloniality in Ecuadorian Universities
Hierarchies of Knowledge: Intersectionality, Dialogue Among Disciplines,
and Epistemic Co-linearity in Ecuadorian Universities
Piedra-Castro, Wilson Iván
Universidad Central del Ecuador
wipiedra@uce.edu.ec
https://orcid.org/0000-0002-9565-9961
Cajamarca-Correa, Mishell Alejandra
Universidad Central del Ecuador
macajamarca@uce.edu.ec
https://orcid.org/0009-0008-6666-8122
DOI / URL: https://doi.org/10.55813/gaea/ccri/v7/n1/1477
Como citar:
Piedra Castro, W. I., & Cajamarca-Correa, M. A. (2026). Jerarquías, del saber:
interseccionalidad, diálogo de saberes y colonialidad epistémica en la universidad
ecuatoriana. Código Científico Revista De Investigación, 7(1), 507–527.
Recibido: 18/05/2026 Aceptado: 16/06/2026 Publicado: 30/06/2026
Código Científico Revista de Investigación Vol. 7 – Núm. 1 / EneroJunio2026
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Resumen
El artículo aborda la tensión entre el reconocimiento formal de la interculturalidad en la
educación superior ecuatoriana y la persistencia de jerarquías epistémicas que condicionan qué
saberes son considerados legítimos, enseñables e investigables. Su propósito fue analizar cómo
se articulan interseccionalidad, diálogo de saberes y colonialidad epistémica en la universidad
ecuatoriana. Se desarrolló una revisión bibliográfica exploratoria, documental y no
experimental, sustentada en literatura académica, normativa nacional, informes institucionales
y experiencias latinoamericanas publicadas entre 2000 y 2026; la información fue organizada
mediante una matriz de extracción y codificación temática en torno a jerarquías institucionales,
factores interseccionales, diálogo de saberes y formas de legitimación epistémica. Los
resultados muestran que la inclusión intercultural suele incorporarse en discursos, asignaturas
o proyectos, pero con frecuencia no transforma los criterios curriculares, investigativos,
evaluativos y de acreditación que privilegian el canon académico occidental. Asimismo, se
identifica que el diálogo de saberes tiene potencial transformador cuando promueve
coproducción, reciprocidad y autoridad comunitaria, aunque se debilita cuando opera como
recurso simbólico. Se concluye que una universidad intercultural sustantiva requiere
redistribuir la autoridad cognitiva, reconocer saberes indígenas, afroecuatorianos, montubios,
campesinos y comunitarios, y desplazar la diversidad hacia el centro de la docencia, la
investigación y la gobernanza universitaria.
Palabras clave: educación superior; interculturalidad; diálogo de saberes; justicia epistémica;
universidad ecuatoriana.
Abstract
The article examines the tension between the formal recognition of interculturality in
Ecuadorian higher education and the persistence of epistemic hierarchies that determine which
forms of knowledge are considered legitimate, teachable, researchable, and institutionally
valid. Its purpose was to analyze how intersectionality, dialogue of knowledges, and epistemic
collinearity are articulated within Ecuadorian universities. The study followed an exploratory,
documentary, and non-experimental bibliographic review based on academic literature,
national regulations, institutional reports, and Latin American experiences published between
2000 and 2026. The information was organized through an extraction matrix and thematic
coding focused on institutional knowledge hierarchies, intersectional factors, forms of dialogue
of knowledges, and mechanisms of epistemic legitimation. The findings show that intercultural
inclusion is often incorporated into institutional discourse, courses, or outreach projects, but it
does not always transform the curricular, research, evaluation, and accreditation criteria that
privilege the Western academic canon. The dialogue of knowledges has transformative
potential when it promotes co-production, reciprocity, and community authority; however, it
becomes limited when reduced to symbolic recognition. The article concludes that a
substantive intercultural university requires redistributing cognitive authority and placing
diversity at the center of teaching, research, and institutional governance.
Keywords: higher education; interculturality; dialogue of knowledges; epistemic justice;
Ecuadorian university.
Resumo
O artigo examina a tensão entre o reconhecimento formal da interculturalidade na educação
superior equatoriana e a persistência de hierarquias epistêmicas que definem quais saberes são
considerados legítimos, ensináveis, pesquisáveis e institucionalmente válidos. Seu objetivo foi
analisar como se articulam a interseccionalidade, o diálogo de saberes e a colinearidade
epistêmica na universidade equatoriana. Desenvolveu-se uma revisão bibliográfica
exploratória, documental e não experimental, sustentada em literatura acadêmica, normativa
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nacional, relatórios institucionais e experiências latino-americanas publicadas entre 2000 e
2026. As informações foram organizadas por meio de uma matriz de extração e codificação
temática centrada nas hierarquias institucionais do conhecimento, nos fatores interseccionais,
nas formas de diálogo de saberes e nos mecanismos de legitimação epistêmica. Os resultados
evidenciam que a inclusão intercultural costuma ser incorporada em discursos institucionais,
disciplinas ou projetos de vinculação, mas nem sempre transforma os critérios curriculares,
investigativos, avaliativos e de acreditação que privilegiam o cânone acadêmico ocidental. O
diálogo de saberes possui potencial transformador quando promove coprodução, reciprocidade
e autoridade comunitária; contudo, torna-se limitado quando reduzido ao reconhecimento
simbólico. Conclui-se que uma universidade intercultural substantiva exige redistribuir a
autoridade cognitiva e situar a diversidade no centro da docência, da pesquisa e da governança
institucional.
Palavras-chave: educação superior; interculturalidade; diálogo de saberes; justiça epistêmica;
universidade equatoriana.
Introducción
La universidad ecuatoriana se ubica en una tensión estructural: por un lado, el Estado
se define constitucionalmente como intercultural y plurinacional; por otro, la producción
universitaria de conocimiento sigue organizada por criterios de legitimidad que privilegian
lenguajes, métodos, autores y formas de validación asociados a la ciencia occidental moderna
(Asamblea Constituyente, 2008; Quijano, 2000). Esta tensión no es solo normativa, sino
epistémica, porque la Constitución asigna a la educación superior la promoción, desarrollo y
difusión de los saberes y las culturas, mientras la LOES articula la planificación universitaria
con ciencia, tecnología, innovación y saberes ancestrales (Asamblea Nacional, 2010). En
consecuencia, el problema central radica en que las jerarquías del saber pueden convertir la
interculturalidad en un principio declarativo, sin transformar las reglas que definen qué
conocimiento cuenta como académico, quién puede producirlo y bajo qué condiciones
institucionales.
Dicha problemática se profundiza cuando las desigualdades étnicas, territoriales,
lingüísticas, de género y clase operan de manera entrelazada en el acceso, la permanencia, el
reconocimiento curricular y la autoridad académica de estudiantes y comunidades
históricamente subalternizadas (Crenshaw, 1989; Collins & Bilge, 2020). En Ecuador, los
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estudios sobre pueblos y nacionalidades muestran que la gratuidad, la calidad, el mérito y la
interculturalidad han tenido efectos ambivalentes, pues amplían oportunidades, pero también
pueden reproducir segmentaciones cuando no modifican los criterios de selección, evaluación
y pertinencia institucional (Castro Medina, 2024). A ello se suman afectaciones menos visibles:
folclorización de saberes ancestrales, traducción instrumental de conocimientos comunitarios,
debilitamiento de lenguas y memorias territoriales, y formación profesional desconectada de
los problemas socioculturales del país (Krainer & Chaves, 2021; Samaniego-Santillán et al.,
2024).
Desde esta perspectiva, la literatura aporta marcos potentes, aunque todavía
fragmentados. La colonialidad del poder explica cómo la clasificación racial y el eurocentrismo
organizaron jerarquías duraderas en América Latina (Quijano, 2000); la interculturalidad
crítica propone cuestionar las geopolíticas del conocimiento y los patrones de poder que
ordenan el ser, el saber y el saber hacer (Walsh, 2007); y las epistemologías del Sur reclaman
justicia cognitiva frente al desperdicio de experiencias históricamente negadas (de Sousa
Santos, 2014). Sin embargo, los estudios tienden a abordar por separado interseccionalidad,
diálogo de saberes y colonialidad epistémica, dejando poco explorada su articulación en la
universidad ecuatoriana. En este artículo se denomina colonialidad epistémica al alineamiento
entre jerarquías institucionales, curriculares y evaluativas que, aun en discursos interculturales,
pueden seguir orientando el conocimiento hacia un canon dominante (Mignolo, 2005).
La revisión bibliográfica se justifica porque permite ordenar críticamente un campo
disperso y mostrar cómo las disputas por el conocimiento atraviesan políticas públicas,
currículos, investigación, vinculación social y trayectorias estudiantiles (Krainer & Chaves,
2021; Arias-Gutiérrez & Minoia, 2023). Su relevancia social reside en aportar criterios para
una educación superior que no se limite a incluir sujetos diversos en estructuras intactas, sino
que interrogue las reglas de reconocimiento epistémico. Su valor teórico consiste en conectar
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interseccionalidad, diálogo de saberes y colonialidad/colonialidad epistémica como
dimensiones de una misma arquitectura de poder; y su utilidad metodológica radica en ofrecer
categorías de análisis para futuras revisiones sistemáticas, estudios curriculares o
investigaciones comparativas. La viabilidad del trabajo se sostiene en la disponibilidad de
literatura científica, normativa ecuatoriana, informes regionales y experiencias documentadas
sobre educación superior intercultural (De Deus et al., 2024).
Por ello, el objetivo general de este artículo es analizar, mediante revisión bibliográfica,
cómo las jerarquías del saber configuran relaciones entre interseccionalidad, diálogo de saberes
y colonialidad epistémica en la universidad ecuatoriana. De manera específica, se busca
describir los fundamentos normativos y académicos de la interculturalidad universitaria en
Ecuador; examinar los factores interseccionales que condicionan el reconocimiento de sujetos
y saberes; comparar los aportes de la colonialidad, la justicia epistémica y las epistemologías
del Sur para interpretar las asimetrías cognitivas. Con ello, el artículo espera contribuir a una
discusión original: no basta con ampliar el acceso ni añadir contenidos interculturales; es
necesario revisar las condiciones institucionales que producen credibilidad, autoridad y
legitimidad del conocimiento en la educación superior (Fricker, 2007; Asamblea
Constituyente, 2008).
Metodología
El estudio se desarrolló como una revisión bibliográfica exploratoria, orientada a
reconocer, organizar e interpretar la producción académica disponible sobre jerarquías del
saber, interseccionalidad, diálogo de saberes y colonialidad epistémica en la universidad
ecuatoriana. La elección de este tipo de revisión respondió a la necesidad de examinar un
campo conceptual amplio, interdisciplinario y todavía disperso, en el que confluyen debates de
educación superior, estudios decoloniales, interculturalidad crítica, justicia epistémica y
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políticas universitarias. En lugar de comprobar hipótesis causales o estimar efectos
cuantitativos, el trabajo buscó identificar tendencias, vacíos, tensiones y relaciones teóricas
entre categorías que suelen analizarse de forma separada. Por ello, la revisión se asumió como
documental, no experimental y de alcance exploratorio, con una lógica analítico-sintética que
permitió descomponer los aportes de la literatura y reconstruirlos en una matriz interpretativa
coherente.
La unidad de análisis estuvo constituida por artículos científicos, libros académicos,
capítulos de libro, tesis de posgrado, documentos normativos e informes institucionales
relacionados con educación superior, interculturalidad, colonialidad del saber, epistemologías
del Sur, diálogo de saberes e interseccionalidad en Ecuador y América Latina. La búsqueda se
delimitó principalmente al periodo 2000–2026, debido a que desde inicios del siglo XXI se
consolidaron debates regionales sobre colonialidad, interculturalidad crítica y transformación
universitaria. Se consultaron bases de datos y repositorios académicos como Scopus, Web of
Science, SciELO, Redalyc, Dialnet, Latindex, Google Scholar y repositorios universitarios
ecuatorianos. Las ecuaciones de búsqueda combinaron términos en español e inglés, tales como
“universidad ecuatoriana”, “educación superior intercultural”, “diálogo de saberes”,
“interseccionalidad”, “colonialidad del saber”, “epistemic justice”, “decoloniality” y “higher
education Ecuador”.
Para la selección de documentos se aplicaron criterios de inclusión vinculados con la
pertinencia temática, la disponibilidad del texto completo, la relación explícita con educación
superior o producción de conocimiento, y la presencia de aportes conceptuales o empíricos
sobre interculturalidad, desigualdad epistémica o jerarquías del saber. Se incluyeron estudios
centrados en Ecuador y, de manera complementaria, trabajos latinoamericanos que ofrecieran
marcos teóricos útiles para interpretar el caso ecuatoriano. Se excluyeron textos sin autoría
verificable, documentos de opinión sin respaldo académico, publicaciones duplicadas,
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materiales centrados únicamente en educación básica o secundaria, y trabajos que usaran la
interculturalidad de forma tangencial sin discutir sus implicaciones epistémicas. Este proceso
permitió depurar el corpus y conservar fuentes capaces de aportar evidencia conceptual,
contextual o normativa al problema de investigación.
El procedimiento de revisión se organizó en cuatro momentos sucesivos. Primero, se
identificaron documentos mediante búsquedas combinadas en bases de datos, repositorios y
referencias cruzadas. Segundo, se realizó una lectura inicial de títulos, resúmenes y palabras
clave para determinar su relación con el objeto de estudio. Tercero, se efectuó una lectura
completa de los textos seleccionados, registrando autoría, año, país, tipo de documento,
objetivo, enfoque teórico, categorías principales, hallazgos y aportes al análisis de la
universidad ecuatoriana. Finalmente, la información se sistematizó en una matriz de extracción
que permitió comparar coincidencias, contradicciones y vacíos entre las fuentes. Esta estrategia
favoreció una revisión transparente, ordenada y rigurosa, sin convertir el estudio en una
revisión sistemática estricta ni en un metaanálisis.
El análisis de la información se realizó mediante codificación temática, agrupando los
contenidos en cuatro ejes: jerarquías institucionales del conocimiento, factores interseccionales
de exclusión o reconocimiento, formas de diálogo de saberes y expresiones de colonialidad
epistémica. A partir de estos ejes se identificaron patrones interpretativos sobre cómo la
universidad reconoce ciertos saberes como legítimos y relega otros a posiciones periféricas,
comunitarias o complementarias. La síntesis no se limitó a resumir autores, sino que buscó
establecer relaciones críticas entre perspectivas, ubicar tensiones conceptuales y proponer una
lectura integrada del fenómeno. En este sentido, la revisión adoptó una lógica hermenéutica y
comparativa, adecuada para estudios exploratorios que pretenden construir comprensión
teórica más que medir variables observables.
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En términos éticos, el estudio utilizó exclusivamente fuentes documentales de acceso
público o académico, por lo que no involucró participantes humanos, aplicación de
instrumentos, datos personales ni intervención directa en comunidades universitarias. No
obstante, se mantuvieron criterios de integridad académica mediante el respeto a la autoría, la
citación adecuada, la diferenciación entre paráfrasis e interpretación propia, y la exclusión de
fuentes cuya procedencia no pudiera verificarse. Asimismo, se procuró evitar una apropiación
instrumental de los saberes indígenas, afroecuatorianos, campesinos o comunitarios,
tratándolos como sistemas de conocimiento situados y no como recursos culturales accesorios.
Esta precaución resulta coherente con el propio objeto del estudio, orientado a examinar
críticamente las condiciones de legitimación del saber en la educación superior.
Resultados
Tensiones entre inclusión intercultural y jerarquización epistémica en la universidad
ecuatoriana
La universidad ecuatoriana opera en una zona de tensión entre un mandato jurídico-
político de apertura intercultural y una estructura académica históricamente organizada por
jerarquías epistémicas. La Constitución ecuatoriana establece que la educación superior debe
articular formación científica y humanista, investigación, innovación y difusión de saberes y
culturas; asimismo, la LOES reconoce la autodeterminación para la producción del
pensamiento en el marco del diálogo de saberes (Asamblea Constituyente, 2008; Asamblea
Nacional, 2010). No obstante, el reconocimiento normativo no garantiza, por mismo, una
redistribución efectiva de la autoridad cognitiva, porque las universidades pueden incorporar
la interculturalidad en sus discursos institucionales sin modificar los criterios que definen qué
conocimientos son curriculares, investigables, publicables y evaluables (Walsh, 2007; Krainer
& Chaves, 2021).
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En este escenario, la inclusión intercultural puede adoptar dos direcciones
contrapuestas: una transformadora, cuando reorganiza las relaciones entre saber científico,
saber ancestral, memoria territorial y experiencia comunitaria; y otra funcional, cuando admite
la diversidad como ornamento institucional sin alterar la hegemonía del canon académico
occidental. Esta diferencia es decisiva, porque la colonialidad del poder no solo produjo
desigualdades económicas o políticas, sino también una clasificación jerárquica de sujetos,
lenguas y conocimientos, mediante la cual ciertos grupos fueron convertidos en productores
legítimos de teoría y otros en portadores de tradición, cultura o testimonio (Quijano, 2000;
Walsh, 2007). Por ello, el problema de fondo no es simplemente “incluir saberes”, sino
transformar las condiciones que hacen que unos saberes sean considerados universales y otros
permanezcan localizados, complementarios o subordinados (de Sousa Santos, 2014).
Persistencia de jerarquías del saber en el currículo y la investigación universitaria
La persistencia de jerarquías del saber se manifiesta, en primer término, en la
arquitectura curricular de la universidad, donde la interculturalidad suele incorporarse como
asignatura, eje transversal o contenido contextual, pero no siempre como principio
reorganizador de los planes de estudio. Esto produce una paradoja: el currículo puede
mencionar pueblos, nacionalidades, saberes ancestrales o Buen Vivir, pero seguir estructurado
por bibliografías, teorías, metodologías y criterios de validación que privilegian la tradición
eurocentrada de la ciencia moderna (Walsh, 2007; Quijano, 2000). En consecuencia, los
saberes indígenas, afroecuatorianos, montubios y campesinos ingresan a la universidad bajo
una forma condicionada: son aceptados como objetos de análisis, referencias culturales o
insumos pedagógicos, pero rara vez como matrices epistemológicas capaces de disputar el
orden disciplinar dominante (Krainer & Chaves, 2021). Su presencia en define especialmente
en el currículo del sistema educativo y en las mallas universitarias.
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Esta jerarquización curricular se robustece cuando la formación universitaria separa
artificialmente conocimiento científico y conocimiento situado, como si el primero fuese
neutro, abstracto y universal, mientras el segundo quedara circunscrito a lo local, experiencial
o comunitario. Castro-Gómez (2007) cuestiona esa pretensión de neutralidad mediante la
noción de “hybris del punto cero”, con la que describe la ilusión moderna de conocer desde un
lugar no situado, ajeno a intereses, territorialidades y relaciones de poder. Desde esta lectura,
la universidad no solo transmite contenidos, sino que produce regímenes de visibilidad: decide
qué autores forman teoría, qué lenguas comunican ciencia, qué prácticas cuentan como método
y qué memorias son relegadas a la categoría de tradición (Castro-Gómez, 2007; Fricker, 2007).
En el ámbito de la investigación, la tensión se vuelve más aguda, porque muchas
prácticas académicas continúan tratando a los pueblos y nacionalidades como “campo”,
“muestra”, “informantes” o “beneficiarios”, antes que como comunidades epistémicas con
capacidad de formular problemas, construir categorías y validar interpretaciones. Krainer y
Chaves (2021) advierten que la educación superior intercultural debe cuestionar el
conocimiento hegemónico y la ciencia positivista cuando estos se presentan como las únicas
formas legítimas de comprensión de la realidad. La dificultad radica en que, incluso cuando la
universidad investiga sobre interculturalidad, puede reproducir una relación extractiva: recoge
narrativas, saberes o prácticas comunitarias, pero convierte la explicación final en propiedad
académica, publicable y evaluable dentro de circuitos institucionales que no siempre reconocen
la coautoría epistémica de las comunidades (Krainer & Chaves, 2021; Mato, 2017).
La revisión de experiencias ecuatorianas muestra que el problema no reside únicamente
en la ausencia de interculturalidad, sino en su institucionalización incompleta. El caso de la
Amawtay Wasi evidenció la posibilidad de construir una educación superior desde referentes
comunitarios e indígenas, pero también mostró las dificultades de sostener un proyecto
universitario intercultural dentro de un sistema nacional de evaluación, acreditación y
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legitimación diseñado desde parámetros académicos convencionales (Krainer et al., 2017). Así,
la tensión no se limita al currículo formal, sino que atraviesa la gobernanza universitaria, los
dispositivos de calidad, la carrera docente, los formatos de investigación y los sistemas de
certificación. Cuando estos dispositivos operan sin sensibilidad epistémica, los saberes no
occidentales pueden ser admitidos retóricamente, pero evaluados con reglas que los vuelven
deficitarios frente al canon dominante (Krainer et al., 2017; Arias-Gutiérrez & Minoia, 2023).
En este marco, la noción de colonialidad epistémica puede utilizarse como categoría
analítica para nombrar el alineamiento entre currículo, investigación, acreditación y autoridad
académica alrededor de una misma lógica de validación. No se trata solo de colonialidad como
herencia histórica, sino de una convergencia contemporánea de dispositivos que ordenan qué
conocimiento merece financiamiento, publicación, citación, reconocimiento profesional y
permanencia institucional. La colonialidad epistémica permite observar que las jerarquías del
saber no se reproducen por una sola vía, sino por la sincronización de múltiples mecanismos:
bibliografías canónicas, exigencias de productividad, indexación, monolingüismo académico,
metodologías estandarizadas y escaso reconocimiento de la oralidad, la territorialidad y la
memoria colectiva como formas legítimas de conocimiento (de Sousa Santos, 2014; Hernández
Chacón, 2021).
Por tanto, la persistencia de jerarquías del saber no debe interpretarse como una falla
accidental de implementación, sino como el resultado de una universidad que, aun declarando
principios interculturales, conserva formas sedimentadas de autoridad cognitiva. La
consecuencia principal es que la diversidad puede quedar administrada sin ser plenamente
reconocida: los sujetos subalternizados acceden a la universidad, pero sus marcos de
comprensión del mundo no necesariamente transforman el núcleo duro de la formación, la
investigación o la evaluación académica. Esta situación genera injusticia epistémica, entendida
como el daño producido cuando ciertos sujetos son disminuidos en su condición de productores
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de conocimiento o cuando sus experiencias carecen de categorías institucionales para ser
comprendidas y valoradas (Fricker, 2007; de Sousa Santos, 2014).
Alcances y límites del diálogo de saberes como estrategia de transformación epistémica
El diálogo de saberes representa una vía necesaria para democratizar la universidad,
pero su alcance depende de que no sea reducido a una práctica ceremonial, decorativa o
meramente discursiva. En sentido fuerte, dialogar saberes implica reconocer que existen
diversas racionalidades históricas, territoriales, lingüísticas y comunitarias capaces de producir
conocimiento válido sobre la vida social, la salud, la naturaleza, la educación, el territorio y la
convivencia. De Sousa Santos (2014) vincula esta exigencia con la justicia cognitiva, es decir,
con la necesidad de superar el epistemicidio producido por la descalificación sistemática de
saberes no occidentales. Por ello, el diálogo de saberes no debe entenderse como traducción
unilateral de lo ancestral hacia el lenguaje académico, sino como negociación crítica entre
formas de conocer que poseen criterios propios de legitimidad (de Sousa Santos, 2014; Walsh,
2007).
En la universidad ecuatoriana, el diálogo de saberes tiene un fundamento normativo
relevante, pues la LOES reconoce la producción de pensamiento y conocimiento en relación
con el diálogo de saberes, el pensamiento universal y la producción científica y tecnológica
global (Asamblea Nacional, 2010). Sin embargo, la existencia de ese mandato no resuelve el
problema de su operacionalización: una universidad puede invocar el diálogo de saberes y,
simultáneamente, mantener procedimientos que impiden que sabios, lideresas comunitarias,
hablantes de lenguas indígenas o guardianes de memoria territorial ocupen posiciones de
autoridad académica. El desafío consiste, entonces, en pasar de una interculturalidad
declarativa a una institucionalidad epistémicamente plural, capaz de transformar docencia,
investigación, vinculación, evaluación y gobierno universitario (Asamblea Nacional, 2010;
Krainer et al., 2017).
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Los alcances del diálogo de saberes son significativos cuando este permite reconfigurar
la producción curricular. En ese caso, los saberes comunitarios no aparecen como contenidos
agregados, sino como principios de problematización capaces de alterar preguntas, métodos y
finalidades educativas. Por ejemplo, una formación intercultural no se limita a estudiar pueblos
y nacionalidades, sino que pregunta cómo se construye el conocimiento desde el territorio,
cómo se relacionan lengua y memoria, cómo se interpreta la naturaleza más allá del
extractivismo y cómo se vincula la investigación con responsabilidades colectivas. Esta
perspectiva coincide con los planteamientos de la interculturalidad crítica, que no busca
únicamente convivencia entre culturas, sino desestabilización de las relaciones de poder que
jerarquizan cuerpos, territorios y epistemologías (Walsh, 2007; Arias-Gutiérrez & Minoia,
2023).
No obstante, el límite más frecuente del diálogo de saberes aparece cuando la
universidad lo convierte en una tecnología de inclusión simbólica. Esto ocurre cuando las
instituciones organizan eventos, ceremonias, proyectos de vinculación o asignaturas aisladas
sobre saberes ancestrales, pero no modifican los mecanismos que distribuyen prestigio
académico, financiamiento, autoría, ascenso docente o validez metodológica. En tal caso, el
diálogo funciona como una vitrina de diversidad antes que como una redistribución de poder.
Castro-Gómez (2007) permite comprender este límite al señalar que la descolonización
universitaria exige desmontar la posición de superioridad desde la cual la academia clasifica y
ordena otros saberes. Por ello, sin transformación institucional, el diálogo puede terminar
reforzando la misma jerarquía que pretende cuestionar (Castro-Gómez, 2007; Fricker, 2007).
El caso de la Amazonía ecuatoriana muestra con claridad esta tensión entre potencial
transformador y captura institucional. Arias-Gutiérrez y Minoia (2023) analizan experiencias
de educación superior en la región amazónica y observan que la incorporación de saberes
ancestrales en programas universitarios debe evaluarse no solo por su presencia nominal, sino
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por la medida en que respeta mundos pluriversales, pedagogías situadas y formas de vida
territorializadas. Esta observación es clave porque permite distinguir entre una inclusión
curricular superficial y una transformación epistémica profunda. En la primera, los saberes
ancestrales son tematizados; en la segunda, inciden en la estructura misma de los contenidos,
las metodologías, la relación docente-estudiante-comunidad y las finalidades sociales del
conocimiento universitario (Arias-Gutiérrez & Minoia, 2023; Hernández Chacón, 2021).
La transformación epistémica también exige revisar la figura del “experto”
universitario. Si el diálogo de saberes se toma en serio, la autoridad no puede descansar
exclusivamente en el título, la indexación o la adscripción institucional, sino que debe
reconocer trayectorias de conocimiento producidas en prácticas comunitarias, territoriales y
lingüísticas. Esto no supone abandonar la rigurosidad científica, sino ampliar la noción de rigor
para incluir pertinencia cultural, reciprocidad, responsabilidad colectiva, memoria histórica y
validación comunitaria. Desde esta perspectiva, el diálogo de saberes no relativiza el
conocimiento, sino que pluraliza sus criterios de legitimidad y exige que la ciencia universitaria
reconozca sus propios límites históricos, políticos y metodológicos (de Sousa Santos, 2014;
Mato, 2017).
En síntesis, las tensiones entre inclusión intercultural y jerarquización epistémica
revelan que la universidad ecuatoriana no enfrenta únicamente un problema de acceso o
representación, sino una disputa sobre las condiciones de producción de verdad, autoridad y
legitimidad. La revisión bibliográfica permite sostener que la interculturalidad universitaria
será transformadora solo si desplaza la diversidad desde los márgenes del currículo hacia el
centro de la investigación, la docencia y la gobernanza institucional. De lo contrario, la
universidad corre el riesgo de producir una inclusión sin descolonización: acepta sujetos
diversos, nombra saberes ancestrales y celebra el diálogo, pero conserva intacta la estructura
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que decide qué conocimientos son superiores, transferibles, publicables y dignos de
reconocimiento académico (Walsh, 2007; Krainer & Chaves, 2021; de Sousa Santos, 2014).
Discusión
La discusión de los hallazgos permite sostener que la universidad ecuatoriana se
encuentra atravesada por una contradicción estructural: mientras el marco constitucional y la
legislación de educación superior reconocen la interculturalidad, la plurinacionalidad y el
diálogo de saberes como principios orientadores, las formas concretas de organización
curricular, producción investigativa y evaluación académica continúan reguladas por matrices
de legitimación predominantemente occidentales, disciplinares y escriturocéntricas (Asamblea
Constituyente, 2008; Asamblea Nacional, 2010; Krainer & Chaves, 2021). Esta tensión
confirma que la inclusión intercultural no puede evaluarse solo por la presencia nominal de
contenidos sobre pueblos y nacionalidades, sino por la capacidad institucional de redistribuir
autoridad epistémica, es decir, de reconocer quiénes producen conocimiento, desde qué
lenguas, con qué métodos, bajo qué criterios de validación y con qué consecuencias para la
vida universitaria (Walsh, 2007; de Sousa Santos, 2014).
En este sentido, la persistencia de jerarquías del saber no aparece como una anomalía
periférica, sino como un efecto de larga duración de la colonialidad del poder y del
conocimiento. Quijano (2000) mostró que la modernidad colonial no solo ordenó la economía
y la clasificación social, sino también los regímenes de verdad desde los cuales unas
racionalidades fueron convertidas en universales y otras en locales, tradicionales o
premodernas. En la universidad, esta herencia se expresa cuando el currículo concede
centralidad a teorías, metodologías y bibliografías eurocentradas, mientras los saberes
indígenas, afroecuatorianos, montubios, campesinos y comunitarios son incorporados como
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objetos de estudio, referentes culturales o recursos pedagógicos, pero no siempre como
sistemas epistémicos con capacidad de disputar el canon (Quijano, 2000; Walsh, 2007).
Los resultados también sugieren que el problema no se reduce al acceso de sujetos
históricamente excluidos a la educación superior, aunque este aspecto siga siendo fundamental.
Desde una perspectiva interseccional, la desigualdad universitaria debe comprenderse como la
convergencia entre etnicidad, lengua, territorio, género, clase social y capital académico,
dimensiones que no operan de manera aislada, sino como tramas simultáneas de
reconocimiento o exclusión (Crenshaw, 1989; Collins & Bilge, 2020). Por ello, una política
universitaria que amplíe cupos, becas o mecanismos de admisión, pero mantenga intactos los
patrones de autoridad epistémica, puede producir inclusión social sin transformación cognitiva,
pues permite la entrada de sujetos diversos sin modificar necesariamente las reglas que
subordinan sus saberes, experiencias y memorias (Fricker, 2007; Krainer & Chaves, 2021).
Esta discusión permite interpretar la colonialidad epistémica como una categoría útil
para comprender la sincronización entre currículo, investigación, acreditación, publicación y
carrera académica. A diferencia de una lectura que ubica la colonialidad solo como herencia
histórica, la colonialidad epistémica visibiliza cómo varios dispositivos contemporáneos se
alinean para reproducir una misma gramática de validación: productividad indexada,
monolingüismo académico, jerarquía disciplinar, dependencia de bibliografías hegemónicas y
débil reconocimiento de la oralidad, la territorialidad y la memoria colectiva como formas
legítimas de conocimiento (de Sousa Santos, 2014; Hernández Chacón, 2021). Así, la
universidad puede declararse intercultural y, al mismo tiempo, conservar procedimientos que
vuelven periféricos aquellos saberes que no se ajustan al formato dominante de artículo,
proyecto, indicador, evidencia o certificación académica (Castro-Gómez, 2007; Hernández
Chacón, 2021).
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La experiencia de la Amawtay Wasi resulta particularmente reveladora porque muestra
que el diálogo de saberes no puede sostenerse únicamente como aspiración pedagógica, sino
que requiere condiciones institucionales de autonomía, reconocimiento y legitimidad pública.
El caso evidencia que una universidad construida desde referentes indígenas y comunitarios
desafía no solo los contenidos curriculares, sino también las formas estatales de evaluación,
acreditación y definición de calidad educativa (Krainer et al., 2017). En consecuencia, el
diálogo de saberes se vuelve frágil cuando debe validarse exclusivamente mediante parámetros
externos a las racionalidades que intenta articular; de allí que su potencial transformador
dependa de modificar no solo las aulas, sino también los regímenes de gobierno universitario,
financiamiento, carrera docente, producción investigativa y reconocimiento de autoridades
comunitarias (Krainer et al., 2017; Arias-Gutiérrez & Minoia, 2023).
Asimismo, los estudios sobre educación superior en la Amazonía ecuatoriana muestran
que la incorporación de saberes ancestrales puede oscilar entre una apertura pluriversal y una
inclusión superficial. Arias-Gutiérrez y Minoia (2023) advierten que los programas
universitarios que declaran integrar conocimientos ancestrales deben ser evaluados por su
capacidad para respetar mundos, pedagogías y territorialidades, no solo por la presencia
discursiva de la interculturalidad en documentos curriculares. Este punto es crucial para la
discusión, porque permite distinguir entre tematizar la diversidad y transformar la arquitectura
epistémica de la universidad: en el primer caso, los saberes comunitarios son contenidos; en el
segundo, son principios de problematización capaces de incidir en preguntas, métodos,
finalidades y criterios de pertinencia social del conocimiento (Arias-Gutiérrez & Minoia, 2023;
Mato, 2017).
No obstante, el diálogo de saberes también enfrenta límites cuando es capturado por
una interculturalidad funcional. Esta modalidad reconoce la diversidad, celebra la pluralidad
cultural y adopta un lenguaje inclusivo, pero evita disputar las estructuras que distribuyen
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prestigio, financiamiento, autoría, publicación y autoridad académica (Walsh, 2007; Castro-
Gómez, 2007). En ese escenario, la universidad puede organizar ceremonias, seminarios o
proyectos de vinculación sobre saberes ancestrales sin permitir que dichos saberes reconfiguren
los núcleos duros de la formación profesional y la investigación científica. Por tanto, el diálogo
de saberes solo alcanza densidad transformadora cuando deja de ser un dispositivo ornamental
de representación y se convierte en una práctica de co-producción epistémica, con reciprocidad,
corresponsabilidad y reconocimiento efectivo de sujetos comunitarios como interlocutores
cognitivos y no como informantes culturales (de Sousa Santos, 2014; Fricker, 2007).
A partir de lo anterior, la principal contribución de esta revisión consiste en mostrar que
la universidad ecuatoriana no enfrenta únicamente un desafío de inclusión, sino una disputa
por las condiciones de producción de verdad. La interculturalidad universitaria será sustantiva
si logra desplazar la diversidad desde los márgenes del currículo hacia el centro de la
investigación, la docencia y la gobernanza institucional; de lo contrario, corre el riesgo de
convertirse en una gramática progresista que nombra la pluralidad, pero conserva intacta la
jerarquía que decide qué conocimiento es superior, enseñable, publicable y transferible
(Krainer & Chaves, 2021; de Sousa Santos, 2014). En consecuencia, la transformación
epistémica exige articular acceso, permanencia, reconocimiento curricular, justicia cognitiva y
democratización de la autoridad académica, pues solo esa articulación permite superar una
inclusión sin descolonización y avanzar hacia una universidad verdaderamente plurinacional
en sus prácticas de conocimiento (Walsh, 2007; Arias-Gutiérrez & Minoia, 2023).
Conclusión
Las conclusiones evidencian que la universidad ecuatoriana enfrenta una tensión
persistente entre el reconocimiento formal de la interculturalidad y la permanencia de
jerarquías epistémicas que regulan el currículo, la investigación y la autoridad académica. En
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este sentido, la inclusión intercultural no puede comprenderse únicamente como acceso de
sujetos diversos a la educación superior, sino como una transformación profunda de las
condiciones que definen qué conocimientos son legítimos, enseñables, investigables y
socialmente pertinentes
Asimismo, se concluye que la interseccionalidad permite ampliar la comprensión del
problema, porque las desigualdades universitarias no se producen por una sola dimensión, sino
por la convergencia entre etnicidad, lengua, territorio, género, clase social y capital académico.
Por ello, una universidad que incorpora estudiantes, docentes o contenidos interculturales sin
modificar sus criterios de validación cognitiva corre el riesgo de reproducir una inclusión
limitada, donde la diversidad es admitida, pero no necesariamente reconocida como fuente
legítima de pensamiento
También se determina que el diálogo de saberes posee un alto potencial transformador
cuando se orienta a la co-producción de conocimiento, la reciprocidad y la redistribución de
autoridad epistémica. Sin embargo, sus alcances se reducen cuando queda restringido a
prácticas simbólicas, eventos institucionales o asignaturas aisladas que no alteran la estructura
curricular ni los dispositivos de evaluación académica. En consecuencia, el diálogo de saberes
solo adquiere densidad crítica cuando incide en la docencia, la investigación, la vinculación
social y la gobernanza universitaria.
De manera general, el análisis permite afirmar que la colonialidad epistémica constituye
una categoría útil para interpretar el alineamiento entre currículo, investigación, acreditación,
publicación y carrera académica en torno a una misma matriz de legitimación. Esta categoría
ayuda a comprender que la subordinación de saberes no occidentales no depende únicamente
de exclusiones explícitas, sino de procedimientos institucionales aparentemente neutrales que
privilegian determinados lenguajes, métodos, formatos y circuitos de reconocimiento.
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Finalmente, se concluye que la universidad ecuatoriana podrá avanzar hacia una
interculturalidad sustantiva solo si desplaza la diversidad desde los márgenes del discurso
institucional hacia el centro de sus prácticas epistémicas. Esto implica reconocer a los pueblos
indígenas, afroecuatorianos, montubios, campesinos y comunitarios no solo como destinatarios
de políticas inclusivas, sino como sujetos productores de conocimiento, con capacidad de
incidir en las preguntas, métodos, finalidades y criterios de pertinencia de la educación superior
(Arias-Gutiérrez & Minoia, 2023; Mato, 2017).
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