ISSN: 2806-5697  
Vol. 7 – Núm. E1 / 2026  
Marginalidad y poder en "El guaraguao" de Joaquín Gallegos Lara  
Marginality and Power in Joaquín Gallegos Lara’s “El Guaraguao”  
Marginalidade e poder em “El guaraguao”, de Joaquín Gallegos Lara  
Reyes Moreira Bryan Adony1  
Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí  
España Muñoz Siomara2  
Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí  
Como citar:  
Reyes Moreira B, A. & España Muñoz S. (2026). Marginalidad y poder en "El guaraguao" de  
Joaquín Gallegos Lara. Código Científico Revista de Investigación, 7(E1), 3287-3311.  
Recibido: 10/01/2026  
Aceptado: 10/02/2026  
Publicado: 31/03/2026  
pág. 3287  
Volumen 7, Número Especial 1, 2026  
Research Article  
Resumen  
Este artículo analiza el cuento El guaraguao (1930) de Joaquín Gallegos Lara, desde un enfoque  
cualitativo y hermenéutico-literario. Orientado a examinar las tensiones entre marginalidad y  
poder. El estudio se centra en la tensión estructural que se articula a partir de dos figuras:  
Chancho-Rengo, sujeto afrodescendiente empobrecido que habita el monte y subsiste mediante  
la recolección de plumas, y el guaraguao, ave de rapiña cuya presencia introduce un espacio  
simbólico que sugiere una ética alternativa fundada en la lealtad y el vínculo afectivo. Los  
resultados de este trabajo muestran que la marginalidad se configura como una matriz espacial  
de exclusión y precarización donde el poder se manifiesta a través de mecanismos de  
apropiación material de los recursos, estigmatización discursiva y sometimiento corporal,  
procesos que culminan en una muerte despojada de reconocimiento social y carente de  
ritualidad y duelo. En el desenlace analítico la representación simbólica del guaraguao revela  
una forma de resistencia silenciosa que se expone por medio de vínculos afectivos, una  
sensibilidad trágica compartida y una memoria precaria que se enfrenta al horizonte del olvido  
social. La aproximación teórica integra una perspectiva ecocrítica desde los estudios  
ambientales, con el propósito de comprender la dimensión natural y animal como un sistema  
de significación que articula las relaciones entre sujeto, territorio, violencia estructural y  
lenguaje simbólico.  
Palabras clave: Guaraguao, poder, realismo social, marginalidad, dominio.  
Abstract  
This article analyzes El guaraguao (1930) by Joaquín Gallegos Lara from a qualitative  
hermeneutic-literary and documentary approach. It examines the tensions between marginality  
and power through the characters of Chancho-rengo, an impoverished Afro-descendant who  
lives in the mountains and survives by collecting feathers, and the guaraguao, a bird of prey  
that introduces a minimal ethic through loyalty. The results show that marginality plays the role  
of a spatial matrix of exclusion and precariousness; consequently, power manifests itself in the  
appropriation of resources, discursive stigmatization, and bodily subjugation, leading to a death  
without collective mourning. In the analytical outcome, the symbolic representation attributed  
to the guaraguao reveals a silent resistance: emotional connection, tragic sensitivity, and limited  
memory in the face of social oblivion. The theoretical approach integrates an ecocritical focus  
and environmental perspectives in order to understand the natural and animal dimension as  
symbolic language.  
Keywords: Guaraguao, power, social realism, marginality, domination  
Resumo  
Este artigo analisa o conto «El guaraguao» (1930), de Joaquín Gallegos Lara, a partir de uma  
abordagem qualitativa e hermenêutico-literária. O objetivo é examinar as tensões entre  
marginalidade e poder. O estudo centra-se na tensão estrutural que se articula a partir de duas  
figuras: Chancho-Rengo, um sujeito afrodescendente empobrecido que habita a floresta e  
subsiste através da recolha de penas, e o guaraguao, uma ave de rapina cuja presença introduz  
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um espaço simbólico que sugere uma ética alternativa fundada na lealdade e no vínculo afetivo.  
Os resultados deste trabalho mostram que a marginalidade se configura como uma matriz  
espacial de exclusão e precarização, onde o poder se manifesta através de mecanismos de  
apropriação material dos recursos, estigmatização discursiva e subjugação corporal, processos  
que culminam numa morte desprovida de reconhecimento social e carente de ritualidade e luto.  
No desfecho analítico, a representação simbólica do guaraguao revela uma forma de resistência  
silenciosa que se expõe por meio de laços afetivos, uma sensibilidade trágica partilhada e uma  
memória precária que se confronta com o horizonte do esquecimento social. A abordagem  
teórica integra uma perspetiva ecocrítica a partir dos estudos ambientais, com o objetivo de  
compreender a dimensão natural e animal como um sistema de significação que articula as  
relações entre sujeito, território, violência estrutural e linguagem simbólica.  
Palavras-chave: Guaraguao, poder, realismo social, marginalidade, domínio.  
Introducción  
El cuento El guaraguao (1930), del autor Joaquín Gallegos Lara, constituye uno de los  
mayores exponentes del Realismo Social Ecuatoriano, al retratar las dinámicas de dominio,  
exclusión y desigualdades que aquejan los sectores rurales de la región costeña del Ecuador en  
la década del treinta. A partir de un estilo narrativo directo y crudo, el escritor pone en escena  
las tensiones estructurales entre el poder y la marginalidad, mostrando las condiciones  
represivas que marcan las vivencias de los sujetos subyugados en su lucha constante por la  
supervivencia y la dignidad.  
El relato gira alrededor de Chancho-Rengo, un hombre afrodescendiente empobrecido  
que habita en el monte recolectando plumas de garza para su sustento, las cuales vende a  
comerciantes chinos de la ciudad. Cargado de violencia simbólica, su apodo anuncia el trato  
deshumanizante al que está sometido y sintetiza su posesión dentro de una estructura que lo  
excluye. Por el contrario, Arfonso —el guaraguao—, o gallinazo, una especie de mascota que  
lo acompaña a todos lados, se representa como símbolo social abstracto de lucha que personifica  
la lealtad, apego y resistencia ante la muerte. El vínculo entre ambos constituye una metáfora  
compleja sobre la vulnerabilidad de la vida marginal y la persistencia afectiva que incluso se  
vive en contextos extremos.  
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El presente estudio, de carácter literario de la obra, se apoya en una interpretación  
hermenéutica con el objetivo de desvelar los significados implícitos de los recursos narrativos  
utilizados por el autor y contextualizarlos en su contexto histórico y sociopolítico respectivo.  
Desde un enfoque cualitativo, se analiza cómo se proyectan las dinámicas de dominio,  
marginación y violencia que se desarrollan a lo largo del relato, así como la relación simbólica  
entre el poder, los personajes, los espacios y las acciones que se narran.  
Finalmente, esta aproximación reafirma la relevancia de El guaraguao dentro del canon  
del Realismo Social Ecuatoriano y resalta su trascendencia para comprender —desde un  
enfoque crítico— las estructuras desiguales y excluyentes que aún persisten dentro de la  
sociedad latinoamericana contemporánea. El análisis aporta a una reflexión profunda sobre los  
procesos históricos de marginación y estrategias cotidianas que surgen en los límites del orden  
social.  
Desarrollo  
Función crítica del Realismo Social ecuatoriano en la literatura  
El Realismo Social ecuatoriano constituye un movimiento literario que emerge con  
fuerza durante la década de 1930, cuyo objetivo principal fue visibilizar las inequidades  
estructurales de la sociedad nacional; particularmente aquellas vinculadas con lo económico, lo  
racial y lo cultural. Este planteamiento discursivo adopta un posicionamiento ético y político  
definido con la intención de dar reconocimiento a grupos socialmente discriminados y criticar  
instancias de control social que los marginan. Cevallos Gonzáles (2021) plantea que la  
producción literaria social ecuatoriana representa al sujeto vulnerado en un escenario donde se  
exponen sistemas de poder, subrayando la práctica de la violencia, una forma simbólica de  
dominación que va más allá del ataque físico y se integra en las interacciones sociales y los  
aparatos de vigilancia.  
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El guaraguao se consolida como una de las expresiones más emblemáticas del Realismo  
Social ecuatoriano por la directa crudeza con la que expone las condiciones de existencia del  
sujeto marginado. Gallegos Lara en su obra no buscó embellecer la miseria ni atenuar el  
conflicto social; por el contrario, enfrenta a los y las lectoras con una realidad incómoda, con  
el fin de establecer así un vínculo directo entre la práctica literaria y posibilidad de  
transformación social; principio rector del Realismo Social latinoamericano (Recalde Cera,  
2022).  
Marginalidad, cuerpo y exclusión social  
La marginalidad no puede comprenderse únicamente en términos de carencia  
económica circunstancial; debe abordarse bajo la forma de un fenómeno complejo en el que  
confluyen diferentes dimensiones: espaciales, materiales, simbólicas y políticas. Esta condición  
liminal dentro del entramado social determina los criterios de pertenencia, reconocimiento y,  
en última instancia, la posibilidad misma de existencia social: quién puede hablar, quién es  
escuchado y quién permanece excluido. En esta línea, Butler (2002) sostiene que el sujeto:  
Se constituye a través de la fuerza de la exclusión y la abyección, una fuerza que produce  
un exterior constitutivo del sujeto (…) aquellas zonas “invivibles”, “inhabitables” de la  
vida social (…) cuya condición de vivir bajo el signo de lo “invivible” es necesaria para  
circunscribir la esfera de los sujetos. (pp. 2021)  
Los cuerpos adquieren valor únicamente en función de su adecuación a los marcos  
normativos dominantes; quienes se sitúan fuera de estos parámetros son expuestos a formas  
extremas de precariedad, despojo y abandono.  
La existencia de Chancho-rengo se sitúa en espacios apartados, lo cual conduce a un  
triste deceso que no originó reconocimiento ni aflicción pública y representó una vida  
socialmente prescindible. Coincide explícitamente con el planteamiento necropolítico  
propuesto por Mbembe (2026), quien sostiene que el dominio político se expresa en la autoridad  
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para determinar vidas: amparo o exposición a la muerte. Por ello, el desenlace de la historia —  
en donde el cuerpo inerte es blanco de confrontación por los pájaros carroñerosconstituye  
una fuerte metáfora sobre la marginación extrema y condiciona el final de Chancho-rengo.  
Poder, dominación y control social  
Para Foucault (2002), el poder no se posee; se ejerce, “es el «privilegio» adquirido o  
conservado de la clase dominante, sino el efecto de conjunto de sus posiciones estratégicas” (p.  
27). Al no ser una entidad estática, el poder se despliega dentro de instituciones, discursos y  
cotidianeidad. Esta manifestación distribuye a las personas en función de su utilidad, normaliza  
conductas y establece distintas jerarquías. Esto es crucial al momento de interpretar el contexto  
existencial de Chancho-Rengo, ya que su exclusión es el producto directo de un modelo  
socioeconómico que perpetúa la desigualdad.  
De igual manera, el poder se concreta mediante la palabra y estructuras de  
representación simbólicas. Bolaño Pérez (2022) menciona que los procesos de  
deshumanización narrativa proporcionan una normalización de la violencia, avalando  
comportamientos injustificables en otros paradigmas analíticos, amparándose en la defensa  
colectiva, el marco jurídico o la identidad nacional. De esta manera, los discursos hegemónicos  
producen sujetos sometidos, reducidos a objetos de control.  
En el relato, el apelativo  
«Chancho-rengo» es un dispositivo lingüístico de estigmatización que antecede y legitima la  
agresión sobre su cuerpo y existencia, consolidando un proceso de expropiación material y de  
su propia identidad.  
Representación, identidad y resistencia simbólica  
Según Hall (1997), la representación es “la producción de sentido a través del lenguaje  
(…) no hay relación simple de reflejo, imitación o correspondencia uno a uno entre el lenguaje  
y el mundo real” (p. 13). Como resultado, los escritos desempeñan un papel activo en su  
configuración simbólica, en un escenario de confrontación cultural donde las posiciones  
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subjetivas se elaboran y se producen jerarquías. La obra de Gallegos Lara focaliza su narración  
en un individuo socialmente oprimido, llevando al lector a cuestionar dinámicas violentas que  
mantienen estructuras sociales.  
El accionar de los personajes expresa la resistencia inscrita profundamente en la  
arquitectura simbólica del relato. Benalcázar Jácome (2021) afirma que la obra construye una  
«estética de lo horrible», mediante la cual se reescribe el canon tradicional de la belleza y se  
reescribe y dignifica aquello que la cultura declaró despreciable. Así, lejos de ser una mera  
alegoría abstracta de lucha, El guaraguao encarna la lealtad y resistencia ante la muerte,  
violencia y deshumanización de los sujetos.  
Cultura, poder y memoria crítica  
La dimensión cultural del poder resulta clave para comprender el impacto político de la  
literatura. Parra Triana (2020), retomando los planteamientos de Rama (1984), señala que la  
historia cultural latinoamericana se ha gestado en torno a una noción de la «ciudad letrada»,  
encargada de la administración simbólica del orden social, definiendo quiénes están autorizados  
a hablar, significar y producir significado. En este escenario, la literatura es un mecanismo que  
actúa para producir hegemonía, disputa y redefinición del imaginario colectivo. La obra de  
Gallegos Lara se sitúa en esta zona al incorporar en el espacio letrado a sujetos marginados,  
ampliando los límites de lo representable y cuestionando las jerarquías establecidas.  
Por consiguiente, Ortega Caicedo (2017) señala que la narrativa ecuatoriana tradicional  
del siglo XX vertebra en torno a un diálogo entre el texto, la historia y los lectores a partir de  
un proceso de afiliación intelectual y de la construcción de una memoria crítica. Leer hoy en  
día El guaraguao permite reconocer su papel en la formación de una conciencia crítica que  
interpela las desigualdades, las exclusiones y las formas de violencia estructural que atraviesan  
algunas obras de la Literatura Ecuatoriana.  
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Metodología  
Esta investigación adopta un enfoque cualitativo con un diseño hermenéutico, literario-  
documental, cuyo propósito es la interpretación simbólica, social y estética que estructura El  
guaraguao. Desde este enfoque, la obra se entiende como una construcción cultural en un  
contexto histórico que determina dónde convergen diferentes dinámicas: opresión,  
marginalidad, poder y resistencia. Esta investigación es cualitativa porque prioriza una  
profunda comprensión de los fenómenos sociales a partir de análisis del texto (Hernández  
Sampieri et al., 2016).  
Desde la hermenéutica, el texto literario se considera un espacio donde se produce lo  
dignificado y que se abre a múltiples capas interpretativas (Gadamer, 1992). Por ello, este  
análisis no se encuentra limitado a la descripción de los acontecimientos narrados por el autor,  
más bien pretende responder a las siguientes interrogantes: ¿Qué realidad desvela la historia?  
¿Qué visión de la vida, dignidad y violencia emerge a partir de sus símbolos? ¿Cómo se  
manifiestan las relaciones de poder y marginación en el entramado narrativo? A la vez, resulta  
pertinente integrar un enfoque sociológico para examinar la construcción de los personajes, los  
espacios y las acciones en función de la estructura social que se presenta. En este marco, se  
aborda la naturaleza —los animales, la intemperie y el monte— desde el lenguaje simbólico y  
el guaraguao en calidad de una figura poética ambivalente que condensa la lealtad y la  
conciencia trágica dentro del violento orden que gobierna el universo del relato.  
Análisis e interpretación  
En El guaraguao, la marginación es el punto central que delinea toda la estructura  
narrativa del relato, influyendo en los acontecimientos y las relaciones de los individuos. El  
protagonista Chancho-rengo un personaje que habita en el monte y soporta pobreza severa—  
mediante él, la narración constituye un escenario marcado por desigualdades culturales y  
simbólicas que se hacen evidentes en cada instancia del universo ficcional.  
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La práctica del poder se plasma valiéndose de un sistema de intervenciones de  
dominación material, retórica y gubernamental a la vez que la representación simbólica del  
animal brinda una postura moral fundamental frente a la segregación y el trato desigual.  
Las tablas que se presentan a continuación resumen los aspectos esenciales del estudio  
realizado: la construcción narrativa de la marginalidad, los mecanismos de opresión estructural,  
el guaraguao como emblema de resiliencia en un escenario marcado por la violencia y la  
privación material.  
Tabla 1  
La representación de la marginalidad en El Guaraguao  
Dimensión  
Fundamento teórico  
Fragmento de la obra  
Aislamiento  
socioespacial  
La exclusión social es un proceso que conlleva recorridos  
de integración a métodos extremos de marginación  
(Contreras-Montero, 2020).El aislamiento se relaciona  
con una deficiente integración laboral, el desplazamiento  
degradado-estigmatizado, la privación de bienes  
materiales y el deterioro de la condición de vida (Nápoles  
Franco et al., 2022).  
“Vagaba en el  
monte” (Gallegos Lara,  
1930).  
“Chancho-rengo se  
iba a su monte” (Gallegos  
Lara, 1930).  
Precariedad  
material  
La exclusión se vincula con el lugar del individuo en el  
entramado productivo y la capacidad de consumo: cuando  
no eres parte de ninguno de estos sectores, quedas  
relegado de este sistema (Contreras-Montero, 2020). La  
precariedad se manifiesta en la exclusión  
“Vestía andrajos”  
(Gallegos Lara, 1930).  
“…un guaraguao  
terriblemente flaco hueso  
y pluma—…” (Gallegos  
Lara, 1930).  
Normalización de La violencia simbólica permite explicar la legitimación  
“Chancho-rengo lo  
la exclusión  
social y su reproducción en la vida cotidiana (Dávila y  
Rivera Flórez, 2023). La normalización de la exclusión —  
entendida como proceso—se desarrolla como una fase  
que desplaza el umbral de lo «aceptable» para consolidar  
prácticas de discriminación (Contreras-Montero, 2020).  
sabía. Pero le daba pereza  
disputar” (Gallegos Lara,  
1930).  
“Además no  
necesitaba mucho para su  
vida” (Gallegos Lara,  
1930).  
Deshumanización La racialización — concretamente el racismo hacia los  
“Era una especie  
de hombre” (Gallegos Lara,  
racional  
negros— es un proceso que genera condiciones  
deshumanizantes y desiguales para las personas de tez  
negra (Moreno Figueroa, 2022). En la crítica  
contemporánea ecuatoriana resalta que el realismo social  
integra sujetos periféricos y habilita el espacio para lo «no  
humano» y la violencia como recurso visible (Benalcázar  
Jácome, 2021).  
1930).  
«Chancho-rengo»”  
(Gallegos Lara, 1930).  
“Allá le decían  
El aislamiento sociespacial se manifiesta en enunciados discursivos asociados con el  
apartamiento del entorno social se patentizan en segmentos textuales como: “Vagaba por el  
monte (…) Chancho-rengo se iba a su monte” (Gallegos Lara, 1930), en esta coyuntura «el  
monte» pasa a ser un índice de segregación social asumiendo una significación conectada con  
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la discriminación y la desvalorización; el texto muestra al personaje en una desconexión  
gradual, donde la marginación se entiende como un proceso histórico con un progresivo  
deterioro de los lazos sociales y del alcance de los recursos (Contreras Montero, 2020). La  
escenificación presenta una fractura abrupta y una narrativa de distanciamiento, que refuerza la  
marginalidad en la repetición de acciones de alejamiento y permanencia fuera de los espacios  
usuales de convivencia.  
La escasez de recursos se manifiesta en expresiones calificativas que simplifican la  
precariedad socioeconómica, en la vestimenta de Chancho-rengo e incluso en la encarnación  
de Arfonso: “Terriblemente flaco-hueso y pluma” (Gallegos Lara, 1930). El vocablo «andrajos»  
establece una construcción narrativa de la pobreza, denota el desgaste, la falta de recursos para  
renovar y la fragilidad del cuerpo ante situaciones hostiles.  
El enunciado sitúa la pobreza desde una dimensión puramente circunstancial hasta una  
perspectiva estructural, ya que los signos de indigencia constituyen una constante de la  
condición y el entorno (Contreras-Montero, 2020). Esta realidad deteriorada se asocia a la  
perspectiva que establece una relación entre la privación y la posición en el orden productivo y  
la falta de acceso al consumo, lo que supone una desconexión de los procesos de integración  
social. Asimismo, el enfoque socioespacial de la fragilidad del entorno urbano facilita la  
comprensión de este proceso de inestabilidad asociado a la falta de recursos materiales y al  
empobrecimiento de las condiciones de vida en los espacios segregados territorialmente  
(Nápoles Franco et al., 2022).  
La asimilación social del rechazo se apoya en configuraciones discursivas que expresan  
consentimiento y recursos de suavización emocional que inhiben la voluntad de acción del  
sujeto: “Chancho rengo lo sabía. Pero le daba pereza disputar. (…) Además, no necesitaba  
mucho para su vida” (Gallegos Lara, 1930), el marcador verbal «sabía» da por sentado una  
noción de la exclusión a la vez que el desenlace del conflicto establece una racionalidad ética  
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cimentada en la aceptación de la pérdida, desde una óptica de análisis del lenguaje, esta realidad  
podría verse como una habituación a la desigualdad en la que la voluntad de cuestionamiento  
se desvanece por el agotamiento social, la extenuación subjetiva y la sumisión aprendida.  
Contreras Montero (2020) menciona que esta consolidación de la situación de  
desfavorecimiento puede interpretarse a raíz de una discriminación concebida en distintos  
niveles, con límites de aceptación que se van transformando gradualmente hasta que las  
conductas rutinarias de sometimiento se vuelven institucionalizadas; suceso que se enlaza con  
la llamada subordinación simbólica legitimada que se define por la naturalización social de  
conductas violentas y la reproducción progresiva de las relaciones de poder en espacios  
comunitarios de convivencia (Dávila y Rivera Flórez, 2023).  
Desde el sobrenombre, Chancho-rengo y el presentarlo como: “Era una especie de  
hombre” (Gallegos Lara, 1930) la obra expone una exclusión racial deshumanizada, la palabra  
«especie» impone una categorización despectiva que atenta contra la dignidad humana  
desencadenando una degradación del ser a una condición inferior; el calificativo afianza una  
identidad colectiva estigmatizada, sustituyendo el verdadero nombre de la persona y su  
trayectoria individual por una etiqueta despectiva que prevalece en la comunidad. Este  
planteamiento discursivo está relacionado con los debates contemporáneos en torno a la  
discriminación racial y el rechazo a las personas de raza negra, donde la falta de humanidad  
funciona bajo la forma de un dispositivo social que propicia la desigualdad y legitima el trato  
denigrante (Moreno Figueroa, 2022). En el texto, la marginalización, la carencia, la exclusión  
y la violencia dan lugar a un sistema simbólico que sitúa al personaje en blanco de agresión y  
menosprecio social.  
Dentro de los componentes narrativos propios del Realismo Social, se observa una  
modalidad de construcción textual dirigida hacia sujetos desfavorecidos y contextos violentos  
que se oponen a cualquier visión utópica de la realidad circundante; la configuración escénica  
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del final de la obra que presentan a la figura inanimada de Chancho Rengo y el enjambre de  
aves de rapiña que ha intentado devorarlo, instauran una dimensión estética perturbadora que  
remarca grietas sociales, dicha construcción textual intensifica la percepción de marginalidad  
al mostrar lo que parece deteriorado, abandonado y desechado, dando forma a una semántica  
de los restos sociales. Las recientes críticas a El guaraguao señalan el carácter reivindicativo  
que apunta a dar visibilidad desde el ámbito literario, así como a cuestionar los paradigmas  
normativos de la «armonía» en la estructuración cultural (Benalcázar Jácome, 2021). Por  
consecuencia, la obra convierte la exclusión en un asunto de conciencia pública, en calidad de  
denuncia, con imágenes que obligan a fijar la mirada en problemáticas que suelen quedar  
ocultas en el orden social.  
La reflexión conclusiva del análisis confirma que la marginalidad en El Guaraguao se  
conforma por medio de un sistema de construcciones léxicas que inciden en diversos ámbitos:  
geográfico, económico, existencial, de pertenencia racial y ético. Las partes examinadas se  
convierten en pilar semántico que expresa transformaciones constantes a diferencia de los  
estados fijos: expulsión territorial, escasez de bienes, asimilación ante la desigualdad,  
humillación constante y violencia desmedida. Esta descripción hace posible afirmar que la  
narrativa vincula la exclusión a una cadena de sucesos que se van transformando hacia niveles  
de mayor vulnerabilidad, en relación con una visión progresiva del fenómeno (Contreras  
Montero, 2020). La racialización constituye parte de la lógica narrativa que restringe el pleno  
reconocimiento de la humanidad y justifica el trato injusto, en sintonía con los análisis sobre el  
racismo hacia las personas negras y sus efectos sociales (Moreno Figueroa, 2022). Los  
descubrimientos refuerzan una comprensión de la historia enfocada en la construcción  
discursiva de la marginalidad a partir de recursos lingüísticos que transmiten desigualdad social,  
abuso simbólico y deshumanización.  
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Tabla 2  
El poder y la opresión en El Guaraguao  
Dimensión  
Fundamento  
Fragmento  
Explotación  
comercial  
El intercambio injusto alude  
a
relaciones  
“Ellos le daban quince o veinte  
sucres por lo que valía lo menos  
cien” (Gallegos Lara, 1930).  
“Una vez trajo al pueblo cuatro  
libras de plumas (…) Los chinos  
le dieron cincuenta sucres”  
(Gallegos Lara, 1930).  
transaccionales caracterizadas por asimetrías  
estructurales que fijan condiciones adversas para  
personas que tienen escasa capacidad de  
negociación (Paikin y Albornoz, 2023).  
Violencia simbólica La violencia simbólica se manifiesta al  
naturalizar jerarquías que aceptan la práctica,  
reduciendo confrontaciones abiertas por los  
recursos y la dignidad (Dávila y Rivera Flórez,  
2023).  
“Cuando reunía siquiera dos  
libras de plumas se las iba a  
vender a los chinos dueños de  
pulperías” (Gallegos Lara, 1930).  
“Chancho—rengo lo sabía”  
(Gallegos Lara, 1930).  
Coerción local  
Dentro del realismo social, la crítica se expresa  
en las figuras que controlan el territorio y en el  
disciplinamiento, consolidando escenarios de  
“Los Sánchez eran dos  
hermanos. Medio peones de un  
rico, medio sus esbirros y  
‘guardaespaldas’” (Gallegos  
Lara, 1930).  
dominio con escasa legalidad  
eficiencia social (Landázuri, 2021).  
y
elevada  
“Y cuando gastados ya diez de  
los cincuenta sucres… lo  
acecharon” (Gallegos Lara,  
1930).  
Violencia directa  
y desposesión  
La violencia física agrava la sumisión al impedir  
la posibilidad de testimonio, defensa y denuncia,  
dando impunidad inmediata al agresor (Dávila y  
Rivera Flórez, 2023).  
“No tuvo tiempo de defenderse.  
Ni de gritar” (Gallegos Lara,  
1930).  
“Los machetes cayeron sobre él  
de todos lados” (Gallegos Lara,  
1930).  
Administración  
diferencial  
de la vida  
La necropolítica se manifiesta en prácticas de  
«dejar morir». Aquí se gestiona de manera  
diferencial la exposición a la muerte de la  
población racionalizada y empobrecida bajo  
racionalidades orientadas a preservar el orden de  
la sociedad (Estévez, 2022).  
“Toda la noche estuvo Chancho-  
rengo arrojado en la hojarasca.  
No estaba muerto: se moría”  
(Gallegos Lara, 1930).  
“Nada iguala la crueldad de lo  
ciego” (Gallegos Lara, 1930).  
Resto corporal  
y despolitización  
del cuerpo  
La «rapiña» sobre los cuerpos vulnerados  
establece vínculos entre la política y la violencia  
al transformar los restos mortales en desecho,  
reprimiendo el reconocimiento, la justicia y el  
duelo (Cevallos González, 2021).  
“Los asesinos se agacharon sobre  
el caído. Reían suavemente.  
Cogieron el fajo de billetes”  
(Gallegos Lara, 1930).  
“Al medio día la sangre del  
cadáver estaba cubierta de  
moscas y apestaba” (Gallegos  
Lara, 1930).  
El pago de quince o veinte sucres por un producto cuyo valor asciende a al menos cien  
establece un sistema de explotación basado en una estructura asimétrica del intercambio, más  
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que por un fraude ocasional o aislado. La transacción queda condicionada por la posición en la  
cadena de valor de Chancho-rengo y la concentración del punto de compra en manos de los  
comerciantes, lo que restringe las alternativas y estrecha las condiciones de transacción.  
El relato visibiliza la lógica de contención del ingreso popular a partir del desajuste entre  
el esfuerzo productivo y la remuneración obtenida, donde la distribución se inclina hacia  
quienes controlan el mercado. En este plano, la precariedad no se liga a la carencia individual,  
sino a los términos de negociación adversos para los individuos de escasa capacidad de  
establecer precios o regular la demanda. El resultado observable muestra que el trabajo resulta  
insuficiente, un efecto que se relaciona con el intercambio y restricciones desiguales  
provenientes de la asimetría sistemática en las relaciones comerciales (Paikin y Albornoz,  
2023).  
La violencia simbólica en la rutina de venta — al reunir al menos dos libras de plumas  
— expone el control de la agencia por la vía del hábito y de las expectativas sedimentadas, que  
da lugar a una dependencia sin coerción directa, reduciendo cualquier tipo de violencia física  
(Dávila y Rivera Flórez, 2023). Chancho-rengo reconoce el ciclo y constantemente se inserta  
en él, aun cuando ello involucra una pérdida de valor constante, insinuando un consentimiento  
a las jerarquías que moldean la economía. “Chancho-rengo lo sabía” (Gallegos Lara, 1930):  
este pasaje muestra que no hay deseo de disputa por condiciones más justas, intensificando esa  
conciencia de la dominación por la ausencia de recursos que permitan confrontarla. En ese  
sentido, la opresión es efectiva porque actúa mediante la repetición del intercambio degradado  
normalizándolo; es decir, una invisibilidad parcial y no una declaración explícita.  
La aparición de los Sánchez, que eran hermanos: “Medio peones de un rico, medio sus  
esbirros y ‘guardaespaldas’” (Gallegos Lara, 1930), añade un sistema ambivalente de control;  
esta condición ubica la violencia que fluye por intermediarios paraestatales que aplican  
disciplina al margen institucional. Luego del gasto de diez sucres por parte de Chancho-rengo  
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y el posterior acecho de estos hermanos, se devela una vigilancia oportunista y un castigo  
selectivo, cuyo objetivo es apropiarse del exiguo excedente obtenido por el protagonista luego  
de su intercambio desigual. El análisis se concentra en la denuncia y la arquitectura del relato:  
el dominio se organiza en torno a figuras que sostienen un orden local y que se basan en el  
temor, el control del espacio y la dependencia económica. La trama produce una clausura  
efectiva de la protección legal al transferir el monopolio de la fuerza hacia aquellos dotados de  
legitimidad social informal (Landázuri, 2021).  
La frase: “No tuvo tiempo de defenderse. Ni de gritar” (Gallegos Lara, 1930), condensa  
un desenlace decisivo: la agresión directa lastima el cuerpo y suprime al sujeto anulando  
testimonio, reclamo y defensa. Al decir: “Los machetes cayeron sobre él de todos lados”  
(Gallegos Lara, 1930), refuerza la inmediata impunidad del agresor e intensifica la asimetría al  
exponer una agresión colectiva y con fuerza desmedida frente a una sola víctima. El machete  
impide cualquier intento de denuncia, retorno o identificación de los responsables; este ataque  
resulta en el fin de la disputa por el valor sustraído. Gallegos Lara establece un silencio  
estructural a través de una economía de violencia que interviene en los cuerpos y sus voces  
(Dávila y Rivera Flórez, 2023).  
La exposición a la muerte se aborda por omisión y desprotección colectiva; al ser  
abandonado entre las hojas secas, fortalece la interpretación de una administración desigual de  
la vida. “No estaba muerto: se moría” (Gallegos Lara, 1930), es una denuncia que se introduce  
en una temporalidad agónica que traslada la vista del homicidio violento hacia el tránsito de  
dejarlo morir, con una responsabilidad diluida en un entorno indiferente.  
El cierre ético: “Nada iguala la crueldad de lo ciego” (Gallegos Lara, 1930) muestra que  
la más profunda violencia yace en la indiferencia más que en el ataque inicial. La necropolítica,  
al ser un modelo de administración de poblaciones que dicta la prescindibilidad de las vidas —  
cómo vivir o morir—, halla aquí un correlato centrado en el desamparo, la intemperie, la falta  
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de auxilio. El relato deja claro que solo basta con la reproducción continua de vulnerabilidad  
que expulse al sujeto del entorno de cuidado para que ocurra la muerte (Estévez, 2022).  
Finalmente, la «rapiña» de los billetes y la imagen del cadáver cubierto de moscas  
evidencian un uso de los restos que invalida el duelo, la justicia y el reconocimiento,  
convirtiendo a la muerte en una oportunidad de saqueo. Reírse «suavemente» durante el saqueo  
introduce una dimensión performativa: el cuerpo abatido pasa a ser objeto disponible y se  
reordenan las jerarquías por medio de la escena de desprecio.  
Las aproximaciones críticas del Realismo Social coinciden al señalar los límites  
políticos del cuento, cuando la despolitización del cadáver y todos los elementos presentes en  
él —insectos, hedor y exhibición— lo reducen a ser un elemento más del paisaje en  
descomposición, sin reparación, bajo intención de denuncia (Cevallos González, 2021). De este  
modo, la violencia no finaliza después del robo, se prolonga al instalar un orden donde  
Chancho-rengo queda al margen, fuera del sistema.  
Tabla 3  
El simbolismo del guaraguao en la obra  
Dimensión  
Fundamento  
Fragmento  
Vida, muerte y  
descomposición  
“Un guaraguao es, naturalmente, un  
La «estética de lo horrible», en el realismo  
social establece la putrefacción y la muerte  
en formas de visibilizar lo periférico,  
sustituyendo los criterios tradicionales de  
armonía y decoro (Benalcázar Jácome,  
2021).  
capitán de gallinazos. Es el que huele  
de más lejos la podredumbre…”  
(Gallegos Lara, 1930).  
“Iniciaron la bajada… Bullicio de los  
preparativos del banquete” (Gallegos  
Lara, 1930).  
Trabajo y  
supervivencia  
La figura de los animales se puede leerse  
como  
“Cazaban garzas. El hombre las tiraba  
y el guaraguao volaba… las traía en  
las garras…” (Gallegos Lara, 1930).  
“Pero este guaraguao iba volando  
alrededor o posado en el cañón de la  
escopeta…” (Gallegos Lara, 1930).  
«ser animal» ligados a funciones concretas  
de la narrativa —no solo alegorías—; su  
presencia e intervenciones estructuran  
acciones, ritmos y valores de uso en el  
universo narrativo (Sepulveda, 2024).  
Vínculo entre  
humano y animal  
Estudios sobre animales han establecido  
marcos para leer la «voz» y la capacidad  
de estos para desestabilizar el  
antropocentrismo interpretativo en la  
literatura (Rodríguez García, 2024).  
“—Lo recogí de puro fregao… Luei  
criao donde chiquito…” (Gallegos  
Lara, 1930).  
“Lo que tenía en el pecho era el  
guaraguao” (Gallegos Lara, 1930).  
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Dimensión  
Fundamento  
Fragmento  
Defensa del cadáver  
La violencia humana y su gestión cultural  
pueden ser reconfiguradas en clave animal:  
la escena permite la interpretación de la  
resistencia no humana a las prácticas de  
daño o consumo normalizadas  
“El hombre es temible aún después de  
muerto” (Gallegos Lara, 1930).  
“El guaraguao como gallo en su  
gallinero atacó, espoleó, atropelló”  
(Gallegos Lara, 1930).  
(Baldacchino et al., 2024).  
Vigilancia y  
abandono  
La animalidad en la literatura enfatiza que  
las figuras animales no son «adornos» en el  
paisaje, pueden estructurar la focalización  
y la puesta de la escena (Maldonado,  
2022).  
“Debía haber visto.” (Gallegos Lara,  
1930).  
“Empezó a trazar amplios círculos en  
su vuelo. Apareció otro…” (Gallegos  
Lara, 1930).  
Sacrificio y deterioro Los animales pueden encapsular la  
precariedad en una imagen final de  
deterioro; el cuerpo se vuelve un signo de  
desposesión: un cierre ético y estérico del  
relato y no solo un adorno metafórico  
(Benalcázar Jácome, 2021; Maldonado,  
2022).  
“Alfonso perdió el ojo derecho… y  
prosiguió espantando a sus  
congéneres” (Gallegos Lara, 1930).  
“Estaba comido de gusanos… no tenía  
la huella de un solo picotazo”  
(Gallegos Lara, 1930).  
La obra se transforma en un espacio donde se entreteje una especie de umbral que  
enmarca la vida y la muerte; en ella, la carroña se muestra como un entramado simbólico que  
delimita lo que la sociedad reconoce desde la condición de marginal o excluido. El deterioro  
biológico fractura lo ya establecido y dirige la mirada hacia un escenario de podredumbre que  
impide una apreciación objetiva e instituye la percepción a partir de residuos, olores  
nauseabundos y persistencia de cuerpos inertes. Bajo estas circunstancias, el personaje de  
Arfonso determina la aproximación al escenario fúnebre, configura el espacio del cuerpo e  
instaura una escala jerárquica con las demás aves necrófagas. Estas observaciones guardan  
consonancia con el enfoque de la «estética de lo horrible» dentro del marco del realismo social,  
donde la descomposición adquiere un sentido utilitario (Benalcázar Jácome, 2021). El relato  
presenta una ideología política que sitúa la marginalidad en el núcleo estructurante de la  
configuración escénica, propiciando una conciencia crítica fundamentada en la inquietud y la  
aflicción emocional.  
El sistema de relación entre humanos y animales se enmarca en una dinámica de  
organización material del trabajo que fusiona método, cadencia y asignación de valor. La caza  
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de garzas y la sustracción de plumas crean un microcircuito de producción en el que el cuerpo  
del ave rapiña aumenta la capacidad del instrumento de cacería y optimiza el desgaste  
energético, lo que repercute directamente en la cronología narrativa. Este recurso no se reduce  
a acompañar el desenlace de la trama; se encarga de organizar el ciclo de adquisición, el  
desplazamiento y la conversión de la presa en producto, desviando la atención de la simbología  
a la materialidad práctica, coincide a su vez con la noción de “ser animal” planteada para  
estudiar la presencia de ciertos animales conectados con usos particulares dentro del contexto  
narrativo más que como meros símbolos (Sepulveda, 2024). El texto subraya que esta  
colaboración productiva garantiza la precaria supervivencia del personaje y moldea su  
vulnerabilidad a la violencia económica generada por el intercambio desigual.  
Dentro de la alianza entre especies, los acontecimientos revelan una reestructuración de  
la hegemonía humana fundamentada en vínculos afectivos, relaciones de sumisión y  
manifestaciones de la influencia no humana inscritas en el devenir de la trama. La crianza del  
pájaro y su inserción en el espacio subjetivo del protagonista moldean un sistema moral de  
interacciones que van más allá de lo sentimental, desencadenando determinación en el ave que  
repercute con notable incidencia en el progreso de la trama. Este acontecimiento ejerce un rol  
sustancial como cuestionamiento de perspectivas antropocéntricas, dado que el desenlace y  
representación de la violencia resultan influidos por la intervención del guaraguao. La  
interpretación se sustenta en los criterios de los estudios de animales centrados en la noción de  
«voz» y su capacidad de acción que posibilitan el reconocimiento de cambios en el monopolio  
humano de la conducta y la creación de significado (Rodríguez García, 2024). La obra también  
fortalece un sentido de pertenencia mutua en el que el ser humano ya no es el único referente  
de valor y el animal gana profundidad ética desde el realismo.  
La vigilancia del cadáver y la interrupción del banquete de los carroñeros constituyen  
un descubrimiento decisivo: la violencia humana no termina con la muerte; el daño se  
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incrementa en la lucha por el control y el consumo del cuerpo. En esta escena, el guaraguao  
altera el patrón biológico de alimentarse de los cadáveres y fuerza un reordenamiento de las  
jerarquías de control del cadáver con efectos que van más allá de una respuesta instintiva. Este  
contrarritual se configura mediante una defensa continua que instaura una pausa temporal  
invalidando la lógica de los depredadores carroñeros, quienes se aprovechan del cadáver. Según  
las interpretaciones, esta acción puede verse desde una perspectiva de conflicto con las  
costumbres culturales en la que se hace evidente la resistencia no humana a las prácticas de  
crueldad o a los hábitos de consumo socialmente aceptados (Baldacchino et al., 2024). El foco  
analítico del estudio otorga al pájaro un propósito de custodia moral que inhibe la  
transformación de la materia inerte en un suministro de consumo, modificando de forma directa  
la concepción colectiva del significado del crimen.  
La narración desarrolla una función de representación singular que supervisa desde una  
perspectiva superior y exhibe un escenario de marginación prescindiendo de una conciencia  
narrativa directa que lo haga comprensible; el esquema del vuelo delimita el marco perceptivo,  
modula el intervalo espacial y propicia una manifestación paulatina del contexto, lo que implica  
que la mirada interpretativa del público lector se halle influida por un seguimiento que enfatiza  
la desprotección del cuerpo inerte y la pasividad de la comunidad consolidando así un enfoque  
intencionado que acentúa instantes decisivos, precisa parámetros de aproximación y profundiza  
un concepto de indiferencia ética que permea la trama; la figura del ave opera como eje  
articulador que determina el rumbo de evolución en la construcción narrativa, su acción fija el  
alcance al contenido semántico y precisa los espacios de peligro, dialoga con enfoques  
interpretativos que abordan una construcción metafórica del animal en el recorrido de la  
tradición narrativa latinoamericana, un marco en el que la animalidad asume una función de  
referente simbólico en tejidos ficcionales de complejidad imaginativa (Maldonado, 2022). La  
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vigilancia constante que muestra el animal carroñero se comprende a manera de instrumento  
visual que sitúa en contexto la violencia y reafirma la carga moral del suceso.  
El acto del sacrificio del ave guardián y la escena impactante de su cuerpo deshecho  
hacen visible la precariedad de la naturaleza corporal determinando el cierre del relato con un  
aprendizaje moralista con relación a la pérdida de lo poseído; el deterioro corpóreo del animal  
que renuncia a comer el cuerpo yacente a pesar de disponer de la posibilidad de hacerlo muestra  
un ejemplo de negación deliberada que replantea la función que desempeña la criatura dentro  
del mundo narrativo del cuento. Esta comprensión analítica guarda afinidad con otras posturas  
del Realismo Social que recalcan el papel de lo desagradable para escenificar las desigualdades  
sociales y la fragilidad material del cuerpo frente a contextos de crisis (Benalcázar Jácome,  
2021). Al mismo tiempo, los planteamientos centrados en las representaciones animales llevan  
a pensar que el efecto del final reside en la acumulación de vida en estado de ruina mostrada en  
una red de escenas que devuelven al lector a la esencia violenta del sistema social que se exhibe.  
La muerte del guaraguao significa algo más que el fin de un vínculo, es el momento culminante  
de la crítica realista al reflejar la miseria en la existencia misma del personaje no humano que  
acompaña al protagonista.  
Discusión  
El estudio permite sostener que la marginalidad en El Guaraguao es un elemento clave  
en la estructura narrativa, ya que resignifica la estructura política del espacio en el Realismo  
Social ecuatoriano. La reiteración del monte trasciende su significado geográfico para  
transformarse en un símbolo de segregación histórica y cultural. Esta ubicación espacial moldea  
la experiencia individual y la convierte en una manifestación territorial racional que controla la  
pertenencia, movilidad y reconocimiento.  
El relato no se restringe a describir el aislamiento, sino que cuestiona la administración  
desigual de los recursos. Los análisis sobre Realismo Social recalcan la importancia del espacio  
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en la trama y su papel determinante en las narrativas de denuncia (León Castro et al., 2019).  
Asimismo, en la literatura social ecuatoriana, esta dinámica de aislamiento se vincula con el  
abandono estructural y el poder territorial de los mediadores locales (Pilca, 2018).  
La precariedad material es clave para interpretar el orden social presentado. Las huellas  
corporales, aparte de ser un indicador de pobreza, también ponen de manifiesto una moral social  
donde la sumisión se naturaliza mediante costumbres y expectativas sedimentadas. La  
expresión «lo sabía» genera tensión entre lucidez y pasividad que complica la capacidad de  
respuesta en contextos de dominación. Desde este marco, se puede plantear la legitimación en  
la aceptación práctica del intercambio desigual desde la óptica de la violencia simbólica y la  
teoría de la dominación simbólica, pues las jerarquías se naturalizan mientras la confrontación  
directa disminuye y se consolidan formas de adhesión generadas a partir del desgaste social  
(Bourdieu, 2000).  
La deshumanización racializada se plasma en procedimientos de designación que suplen  
la identidad por el estigma. La sustitución del nombre mediante una etiqueta degradante  
desacredita el estatuto ontológico del sujeto, lo sitúa en un margen ambiguo de la sociedad,  
generando así un trato humillante donde el propio calificativo invalida su historia personal y le  
atribuye una categoría social fija. Los estudios sobre el racismo advierten que estos  
instrumentos clasificatorios operan como estrategias de desvalorización que legitiman asimetría  
estructural y restringen las probabilidades de duelo colectivo (Moreno Figueroa, 2022). El texto  
incorpora esta perspectiva a la crítica social típica del realismo ecuatoriano, donde las  
poblaciones racializadas de la región periférica se encuentran en el centro de la exégesis  
literaria.  
Desde el plano económico, la representación de una sociedad cuyo pago es la  
contraprestación inferior al costo efectivo razonable establece una lógica recurrente de  
asignación del excedente y un esquema transaccional sustentado en relaciones de desigualdad  
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que limitan el margen de negociación y, por sí mismas, originan una condición de dependencia  
económica sin la necesidad de recurrir a la coacción continua cuando la desigualdad ya se ha  
interiorizado.  
La presencia de figuras paraestatales pone de manifiesto cierta forma de soberanía local  
con prácticas informales de disciplinamiento —por medio del miedo y la dependencia— que  
sustituye las garantías institucionales. En la obra, la violencia física es la culminación de un  
proceso de subordinación que ya ha restringido la palabra y la defensa. Este encadenamiento  
permite ver al Realismo Social, más allá de una simple literatura de denuncia, posibilitando  
entender cómo el poder actúa en ámbitos territoriales específicos (Benalcázar Jácome, 2021).  
Por último, lo que intensifica la lectura necropolítica del relato es la agonizante  
temporalidad presente en la sección final que desvía la atención del hecho violento hacia el  
abandono prolongado (Mbembe, 2011). La descomposición del cuerpo de Chancho Rengo y la  
usurpación del dinero son manifestaciones de un orden que convierte la muerte en una  
oportunidad para ratificar las jerarquías. La irrupción de Arfonso, su guardián, aporta una  
inflexión ética al defender el cuerpo de su amo ante los carroñeros, aun siendo él uno de ellos.  
El sacrificio del ave acentúa la censura social y agudiza la denuncia del desamparo colectivo,  
lo cual conforma una estética de lo atroz que sitúa la putrefacción en el centro de la visión de  
la periferia (Benalcázar Jácome, 2021).  
Conclusiones  
La obra no es una biografía trágica; su análisis crítico expone un modelo interpretativo  
de la exclusión social donde el sujeto racializado resulta configurado por dispositivos  
discursivos, económicos y espaciales que determinan su reconocimiento social. La precariedad,  
explotación y disciplina paraestatal construyen una secuencia en la narrativa que coexiste en  
una forma desigual en la vida del protagonista. La violencia no surge de forma repentina, la  
trayectoria de Chango-rengo evidencia que se consolida gradualmente en desigualdades y  
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estereotipos que anteceden la agresión física. Su agonía antes de la muerte muestra el  
funcionamiento del sistema que no prescinde de legitimación jurídica, pues se fundamenta en  
la apatía y aceptación de las jerarquías. Desde esta postura, El Guaraguao formula una crítica  
estructural que va más allá de acontecimientos puntuales y convierte la experiencia personal en  
indicios de organización basada en lo prescindible de ciertos cuerpos.  
La carga simbólica del relato aporta un panorama ético al desplazar la supremacía  
antropocéntrica y otorgar dignidad a las especies, atravesada por la fidelidad y el sacrificio. El  
deterioro final de Arfonso, quien después de ocho días es encontrado junto al podrido cadáver  
de Chango-rengo, terriblemente flaco, muerto a su lado, estaba comido de gusanos y de  
hormigas, pero no tenía la huella de un solo picotazo. Esta visión inscribe una marca de  
resistencia a través de la suspensión de sus actos de rapiña para desestabilizar la indiferencia  
colectiva. Así, la historia consolida una estética de lo atroz que transforma el abandono y la  
putrefacción en núcleos de significación política que obligan a revisar los criterios de duelo,  
humanidad y memoria. Su relevancia dentro del Realismo Social ecuatoriano queda establecida  
en su propuesta radical y reflexiva del poder, racialización y violencia estructural, cuyo impacto  
interpela directamente la sensibilidad crítica contemporánea.  
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